Pagina 1
Esta es Lisa, ella es mi amiga. Mi mama y Papa no la pueden ver. Ellos dicen que es mi amiga imaginaria. Lisa es una buena amiga.
Pagina 2
Hoy trate de plantar una flor en el patio. Lo trate de plantar junto a la caja de arena, pero Lisa dijo que ahí es donde su papi esta durmiendo, así que la plante en una maceta.
Pagina 3
Lisa esta en la escuela conmigo. La taje (traje), para que todos la conocieran, pero la Señorita Monroe se enojo, porque no puede verla. Lisa se puso triste, así que escondió el borrador.
Pagina 4
Ayer fue mi fiesta de cumpleaños. Mami compo (compro) pizza, pero nadie vino. Lisa dijo que la gente vino a la entrada de mi casa, pero se fueron. Pero me dejaron regalos. Me regalaron 3 barbis, un par de zapatos y cinco dólares. Yo y lisa jugamos con las barbis.
Pagina 5
La señorita Monroe no vino hoy, nuestra sustituta es la señorita Digman. Es linda y bonita, y nos deja tener tiempo libre. Quisiera que la señorita fuera siempre mi maesta.
Pagina 6
Hoy Jonnathin Parker se robo mis crayolas. La miss no puede encontrarlas, así que hizo que me diera sus crayolas. Lisa vino a la escuela también, pero la señorita Digman no puede verla. Me dijo que ella si cree que Lisa es real.
Pagina 7
Ayer, yo y Lisa fuimos a caminar, hasta que salió la luna. Papi se enojo y dijo que Lisa es estúpida y falsa y ella desapareció. Hoy no vino Lisa a la escuela, pero la señorita Digman dijo que la señorita Monroe no regresara.
Pagina 8
Papi estuvo en el trabajo todo el día de ayer. No vino a comer para cenar, y hoy sigue en el trabajo. Mami me puso un flan para mi almuerzo hoy. Me encanta el flan!
Pagina 9
Extraño a Lisa. Papi esta realmente ocupado en el trabajo. No vino el fin de semana. Mami esta muy enojada con el. Quiero escribirle una carta a Lisa
Pagina 10
Querida Lisa, te extraño. Por favor regresa. Siento que papi fuera grosero contigo. Eres mi major amiga.
Pagina 11
Lisa regreso ayer. Me dijo que perdón por irse, y le dije que mi papi no ha regresado del trabajo. Lisa dijo que el y la señorita Monroe están durmiendo como su papa. Espero que despierten pronto.
jueves, 15 de agosto de 2013
CONOCE A ANNE PEDERSDOTTER
Necronymous Forum
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Subject: Okay… Sent: Thu Jan 08, 6:36 pm
De: Seraphine-Savior Para: Centurion616
A lo mejor se te hace raro, pero he notado que tus posts mencionan constantemente a un tal “Anne Pedersdotter”. Siempre dices que este mirando algo, o que esta esperando por algo, pero nadie mas parece tener idea de que o quien es. Solo tengo curiosidad… Quien es Anne Pedersdotter? :O
Subject: Re: Okay… Sent: Fri Jan 09, 2:17 am
De: Centurion616 Para: Seraphine-Savior
Anne Pedersdotter? Me da casi gusto que preguntaras. Ella simplemente como que esta por ahí. Es una especie de presencia, si lo quieres ver así. No puedo explicarlo apropiadamente sin sonar completamente raro. Por cierto… Ella te ve.
Subject: Re: Okay… Sent: Fri Jan 09, 12:01 pm
De: Seraphine-Savior Para: Centurion616
Uhm… Podrías explicarte un poco mejor? Lo siento, pero no te entiendo. Digo, es una persona, una mascota, un fantasma, o que onda? D:
Subject:Re: Okay… Sent: Fri Jan 09, 5:20 pm
De: Centurion616 Para: Seraphine-Savior
Anne Pedersdotter es una… anciana creo. Siempre en Espera de la luna para levantarse…
Subject: Re: Okay… Sent: Sat Jan 10, 4:14 pm
De: Seraphine-Savior Para: Centurion616
9_9 Lo siento pero eso me deja con más preguntas que respuestas. No pierdas mi tiempo contestando si no me vas a decir nada útil. Se que a lo mejor soy un poco dura, pero siento que no estas tomándome muy en serio. Tratare de ayudarte en el foro, considerando que todos te creen un raro y un completo loco y yo quiero saber si hay algo que les puedas explicar, para que quizás puedas pasar un mejor rato.
Subject: Re: Okay… Sent: Sun Jan 11, 8:43 pm
De: Centurion616 Para: Seraphine-Savior
Estuve a punto de borrar tu contestación y seguir como siempre, pero tengo el presentimiento de que no te vas a rendir de todas maneras. Si de veras es tan importante para ti, te explicare todo. Hasta donde se, Anne Pedersdotter es como una entidad, y como te lo dije antes, ella simplemente esta. Ni siquiera tiene un cuerpo, pero de alguna manera, se como se mueve y que es lo que quiere que le diga a las personas de ella. Es como un impulso. Si no le digo a todos de Anne Pedersdotter se enoja… Empieza a nublar mi visión, y todo se vuelve obscuro y borroso, y después no puedo dormir siquiera, quedándome tirado en el piso temblando. Casi puedo distinguir su voz, pero realmente no dice nada en particular; Solo silabas y palabras sin sentido que salen de la nada cuando todo esta quieto. Ella esta ahí, y siempre esta ahí. No me puedo deshacer de ella.
No quiero ir al doctor, porque la ultima vez, solo me dieron estas píldoras que hicieron todo peor… Empecé a ver a Anne Pedersdotter en mi propio reflejo… Y a pesar de que era demasiado vaga para distinguirla, sabia definitivamente que era ella.
No puedo luchar contra ella. No puedo luchar contra eso, especialmente cuando ha tomado mi mente como lo hizo. Trato de recordar que fue lo que paso, como empezó, pero mi memoria ha sido borrada. Quizás Anne Pedersdotter lo hizo. Apenas puedo recordar algo de haberme perdido cuando viaje a Noruega, pero eso es todo. Te diría mas, pero siento que trata de ahorcarme mientras escribo esto.
Subject: Re: Okay… Sent: Tues Jan 13, 11:00 am
De: Seraphine-Savior Para: Centurion616
Wow… Eso suena muy raro…Como sea, la razón por la que me tome un día extra para contestarte es porque después de leer tu mensaje, realmente no tenia ni idea de que decir. Eso es muy, muy raro. Quizá esta encabronada porque no tiene un cuerpo? Lol!
Subject: Re: Okay… Sent: Tues Jan 13, 1:10 pm
De: Centurion616 Para: Seraphine-Savior
Anne Pedersdotter cree que esa es una grandiosa idea. Gracias.
Subject: Re: Okay… Sent: Tues Jan 13, 7:19 pm
De: Seraphine-Savior Para: Centurion616
Que?
Necronymous Forum Parapic – Conoce a Anne Pedersdotter By: Centurion616
Posted: Tues Jan 13, 7:20 pm
Al menos ya no esta esperando. (Perdón por la sangre)
[Video adjunto]
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Demona
Posted: Tues Jan 13, 7:26 pm
Eso fue muy perturbador. Pon una advertencia la próxima vez.
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: milkofthedead
Posted: Tues Jan 13, 7:27 pm
^ Creo que “Perdón por la sangre” cuenta como una advertencia. Aunque nunca dijo nada del “cuerpo”. Al memos espero que no sea un cuerpo real… :O
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Neocracy
Posted: Tues Jan 13, 7:29 pm
Alguien me puede decir de que se trata? Me da mucho miedo mirar todo por completo. Detuve el video en cuanto se fue del cuarto.
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Demona
Posted: Tues Jan 13, 7:36 pm
Ok. Aquí les va el resumen de lo que paso, al menos de la manera que lo vi. Si alguien tiene alguna corrección, editare esto.
0:00-1:12 – Un tipo (Creo que es Centurion, pero no estoy segura) esta parado sobre un cuerpo de una joven destazada en su cama. Esta reemplazando los miembros faltantes y dedos con otras partes del cuerpo, las que esta sacando de una bolsa.
1:13-1:40 – Sale del cuarto, y regresa con una especie de machete oxidado, y un como rosario o algo asi. Después “equipa” al cadáver con ellos. Después el video como que se corta.
1:40-3:40 – Ahora esta sentado frente a la cámara, mirando. Puedes ver al cadáver de la mujer en el fondo, solo que esta vez, los miembros están pegados al cuerpo como si de hecho, le pertenecieran. Después el pinche video se corta OTRA VEZ.
3:40-4:36 – Lo mismo que la ultima vez, solo que Centurion esta sangrando a través de sus parpados cerrados y de su boca. Puedes ver también algo de sangre en el cuerpo de la joven también, y al final Centurion sonríe y se despide con su mano.
Como dije, muy, muy perturbador. Es muchísimo peor de lo que suena.
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Neocracy
Posted: Tues Jan 13, 7:38 pm
Ah… Eso es todo? Tiene que ser falso. Digo, si estuviera sangrando como dices, como podría el ver para poder postear? Y definitivamente ese es Centurion en el video. Tiene un tatuaje de Baphonet, recuerdan?
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: ForTheEmpire
Posted: Tues Jan 13, 7:44 pm
Si es falso, esos son unos efectos muy fregones.
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Seraphine-Savior
Posted: Tues Jan 13, 7:49 pm
No , no, no es falso. Y es mi culpa. Verán, nos estábamos enviando mensajes privados desde hace unos días, y yo le pregunte sobre la tal Anne Pedersdotter. Si no le hubiera sugerido que Anne Pedersdotter necesitaba un cuerpo, entonces nada de esto hubiera pasado.
Subject Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: milkofthedead
Posted: Tues Jan 13, 7:55 pm
No es tu culpa Seraphine. Centurion lo hubiera hecho de todas maneras… El siempre fue así. Recuerdas que lo obsesionado que estaba con eso de la iglesia Arson?
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Winterwing
Posted: Tues Jan 13, 8:00 pm
Oh Por Dios!!!
4:21- El cadáver… Esa cosa parpadeo un par de veces!!! Lo juro por Dios, esa cosa parpadeo!
Private Message
Subject: Okay… Sent: Thu Jan 08, 6:36 pm
De: Seraphine-Savior Para: Centurion616
A lo mejor se te hace raro, pero he notado que tus posts mencionan constantemente a un tal “Anne Pedersdotter”. Siempre dices que este mirando algo, o que esta esperando por algo, pero nadie mas parece tener idea de que o quien es. Solo tengo curiosidad… Quien es Anne Pedersdotter? :O
Subject: Re: Okay… Sent: Fri Jan 09, 2:17 am
De: Centurion616 Para: Seraphine-Savior
Anne Pedersdotter? Me da casi gusto que preguntaras. Ella simplemente como que esta por ahí. Es una especie de presencia, si lo quieres ver así. No puedo explicarlo apropiadamente sin sonar completamente raro. Por cierto… Ella te ve.
Subject: Re: Okay… Sent: Fri Jan 09, 12:01 pm
De: Seraphine-Savior Para: Centurion616
Uhm… Podrías explicarte un poco mejor? Lo siento, pero no te entiendo. Digo, es una persona, una mascota, un fantasma, o que onda? D:
Subject:Re: Okay… Sent: Fri Jan 09, 5:20 pm
De: Centurion616 Para: Seraphine-Savior
Anne Pedersdotter es una… anciana creo. Siempre en Espera de la luna para levantarse…
Subject: Re: Okay… Sent: Sat Jan 10, 4:14 pm
De: Seraphine-Savior Para: Centurion616
9_9 Lo siento pero eso me deja con más preguntas que respuestas. No pierdas mi tiempo contestando si no me vas a decir nada útil. Se que a lo mejor soy un poco dura, pero siento que no estas tomándome muy en serio. Tratare de ayudarte en el foro, considerando que todos te creen un raro y un completo loco y yo quiero saber si hay algo que les puedas explicar, para que quizás puedas pasar un mejor rato.
Subject: Re: Okay… Sent: Sun Jan 11, 8:43 pm
De: Centurion616 Para: Seraphine-Savior
Estuve a punto de borrar tu contestación y seguir como siempre, pero tengo el presentimiento de que no te vas a rendir de todas maneras. Si de veras es tan importante para ti, te explicare todo. Hasta donde se, Anne Pedersdotter es como una entidad, y como te lo dije antes, ella simplemente esta. Ni siquiera tiene un cuerpo, pero de alguna manera, se como se mueve y que es lo que quiere que le diga a las personas de ella. Es como un impulso. Si no le digo a todos de Anne Pedersdotter se enoja… Empieza a nublar mi visión, y todo se vuelve obscuro y borroso, y después no puedo dormir siquiera, quedándome tirado en el piso temblando. Casi puedo distinguir su voz, pero realmente no dice nada en particular; Solo silabas y palabras sin sentido que salen de la nada cuando todo esta quieto. Ella esta ahí, y siempre esta ahí. No me puedo deshacer de ella.
No quiero ir al doctor, porque la ultima vez, solo me dieron estas píldoras que hicieron todo peor… Empecé a ver a Anne Pedersdotter en mi propio reflejo… Y a pesar de que era demasiado vaga para distinguirla, sabia definitivamente que era ella.
No puedo luchar contra ella. No puedo luchar contra eso, especialmente cuando ha tomado mi mente como lo hizo. Trato de recordar que fue lo que paso, como empezó, pero mi memoria ha sido borrada. Quizás Anne Pedersdotter lo hizo. Apenas puedo recordar algo de haberme perdido cuando viaje a Noruega, pero eso es todo. Te diría mas, pero siento que trata de ahorcarme mientras escribo esto.
Subject: Re: Okay… Sent: Tues Jan 13, 11:00 am
De: Seraphine-Savior Para: Centurion616
Wow… Eso suena muy raro…Como sea, la razón por la que me tome un día extra para contestarte es porque después de leer tu mensaje, realmente no tenia ni idea de que decir. Eso es muy, muy raro. Quizá esta encabronada porque no tiene un cuerpo? Lol!
Subject: Re: Okay… Sent: Tues Jan 13, 1:10 pm
De: Centurion616 Para: Seraphine-Savior
Anne Pedersdotter cree que esa es una grandiosa idea. Gracias.
Subject: Re: Okay… Sent: Tues Jan 13, 7:19 pm
De: Seraphine-Savior Para: Centurion616
Que?
Necronymous Forum Parapic – Conoce a Anne Pedersdotter By: Centurion616
Posted: Tues Jan 13, 7:20 pm
Al menos ya no esta esperando. (Perdón por la sangre)
[Video adjunto]
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Demona
Posted: Tues Jan 13, 7:26 pm
Eso fue muy perturbador. Pon una advertencia la próxima vez.
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: milkofthedead
Posted: Tues Jan 13, 7:27 pm
^ Creo que “Perdón por la sangre” cuenta como una advertencia. Aunque nunca dijo nada del “cuerpo”. Al memos espero que no sea un cuerpo real… :O
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Neocracy
Posted: Tues Jan 13, 7:29 pm
Alguien me puede decir de que se trata? Me da mucho miedo mirar todo por completo. Detuve el video en cuanto se fue del cuarto.
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Demona
Posted: Tues Jan 13, 7:36 pm
Ok. Aquí les va el resumen de lo que paso, al menos de la manera que lo vi. Si alguien tiene alguna corrección, editare esto.
0:00-1:12 – Un tipo (Creo que es Centurion, pero no estoy segura) esta parado sobre un cuerpo de una joven destazada en su cama. Esta reemplazando los miembros faltantes y dedos con otras partes del cuerpo, las que esta sacando de una bolsa.
1:13-1:40 – Sale del cuarto, y regresa con una especie de machete oxidado, y un como rosario o algo asi. Después “equipa” al cadáver con ellos. Después el video como que se corta.
1:40-3:40 – Ahora esta sentado frente a la cámara, mirando. Puedes ver al cadáver de la mujer en el fondo, solo que esta vez, los miembros están pegados al cuerpo como si de hecho, le pertenecieran. Después el pinche video se corta OTRA VEZ.
3:40-4:36 – Lo mismo que la ultima vez, solo que Centurion esta sangrando a través de sus parpados cerrados y de su boca. Puedes ver también algo de sangre en el cuerpo de la joven también, y al final Centurion sonríe y se despide con su mano.
Como dije, muy, muy perturbador. Es muchísimo peor de lo que suena.
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Neocracy
Posted: Tues Jan 13, 7:38 pm
Ah… Eso es todo? Tiene que ser falso. Digo, si estuviera sangrando como dices, como podría el ver para poder postear? Y definitivamente ese es Centurion en el video. Tiene un tatuaje de Baphonet, recuerdan?
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: ForTheEmpire
Posted: Tues Jan 13, 7:44 pm
Si es falso, esos son unos efectos muy fregones.
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Seraphine-Savior
Posted: Tues Jan 13, 7:49 pm
No , no, no es falso. Y es mi culpa. Verán, nos estábamos enviando mensajes privados desde hace unos días, y yo le pregunte sobre la tal Anne Pedersdotter. Si no le hubiera sugerido que Anne Pedersdotter necesitaba un cuerpo, entonces nada de esto hubiera pasado.
Subject Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: milkofthedead
Posted: Tues Jan 13, 7:55 pm
No es tu culpa Seraphine. Centurion lo hubiera hecho de todas maneras… El siempre fue así. Recuerdas que lo obsesionado que estaba con eso de la iglesia Arson?
Subject: Re: Conoce a Anne Pedersdotter By: Winterwing
Posted: Tues Jan 13, 8:00 pm
Oh Por Dios!!!
4:21- El cadáver… Esa cosa parpadeo un par de veces!!! Lo juro por Dios, esa cosa parpadeo!
LA TUNDRA
Los nativos de estos lugares dicen que hay un estrecho de Tundra justo al norte de aquí, el cual es habitado por espíritus benevolentes. Estos espíritus otorgan percepción y advertencia a los viajeros que llegan en la noche, una vez que el sol se ha desvanecido por completo y ha dejado al mundo en la obscuridad.
Maneje en medio de la enorme envergadura de hielo y espere, esperando ver aunque sea una pequeña mirada de lo que fuera que esta gente adoraba. Ellos envían a sus niños a esta Tundra, envueltos de pieles de animales para evitar que se congelen cuando cumplen 15 años, para buscar una audiencia con estos espíritus. Una vez que los niños han hecho esto, ellos corren a casa con sus padres para compartir s experiencia.
Parejas comprometidas visitan esta Tundra antes de su boda. Todo el pueblo se queda en vela toda la noche hasta su retorno, ya al regresar, la pareja decidirá si continuaran con su matrimonio, o deciden abandonarlo. Los más ancianos, visitan la Tundra cuando se encuentran muy enfermos, normalmente empeorando su condición al permanecer toda la noche allí. Cuando regresan, sin embargo, la mayoría de las veces regresan con aire de serenidad.
Así que espere, curioso de ver que clase de fenómeno puede inspirar a las personas de esta manera tan poderosa. Espere por horas, dentro mi camioneta. Espere por horas. Espere hasta sentir que moriría congelado, aun con mis gruesas ropas.
Pude escuchar al espíritu antes de que pudiera verlo. Un crujido en la nieve en el silencio de la noche me hizo saltar de mi camioneta y voltear. Un hombre encorvado, con la piel grisácea estaba parado a solo unos metros de mí. Con ojos tristes y amarillentos que me miraban a los ojos, ojos amarillentos dentro una cráneo del cual salían solo un par de grasosos cabellos. Respiraba muy pesadamente, con un tamborileo que chocaba en su frágil pecho. Uno de sus brazos lucia como si se hubiese destrozado, y como si se hubiese tratado de sanar así mismo de manera imperfecta. T trozos de carne putrefacta cayéndose mostraban sus débiles piernas. El hombre me miro, quizás por unos diez segundos, respirando en el helado aire y exhalando un vapor pesado y viscoso, antes de desaparecer cuando parpadeé.
Gire en busca del hombre, pero se había ido. Camine hacia donde el había estado parado, encontré un par de huellas ensangrentadas en la nieve. Frenético y con mucho temor, me subí a mi camioneta y me dirigí al pueblo tan rápido como el hielo me permitía. Algunos pueblerinos me estaban esperando cuando llegue, sabiendo que Salí hacia la Tundra, curioso de lo que podría pasar. Rápidamente Salí de mi camioneta y corrí con el pueblerino mas cercano, demandando: “Que hay de benevolente de estos espíritus?! Que es tan inspirador acerca de ellos? Como te ayudan estos espíritus?”
“Que fue lo que viste?” Pregunto el hombre, con su mirada puesta en mis ojos temerosos.
“Vi un hombre, horriblemente desfigurado y desesperadamente enfermo!” – Le grite en su cara, mientras los demás pueblerinos se echaron hacia atrás.
“Porque? Que es lo que significa” –Le suplique
“Los espíritus solo pueden mostrarte una sola cosa…” el hombre me explico. “Ellos muestran a los visitantes, dentro de un año en el futuro.”
Maneje en medio de la enorme envergadura de hielo y espere, esperando ver aunque sea una pequeña mirada de lo que fuera que esta gente adoraba. Ellos envían a sus niños a esta Tundra, envueltos de pieles de animales para evitar que se congelen cuando cumplen 15 años, para buscar una audiencia con estos espíritus. Una vez que los niños han hecho esto, ellos corren a casa con sus padres para compartir s experiencia.
Parejas comprometidas visitan esta Tundra antes de su boda. Todo el pueblo se queda en vela toda la noche hasta su retorno, ya al regresar, la pareja decidirá si continuaran con su matrimonio, o deciden abandonarlo. Los más ancianos, visitan la Tundra cuando se encuentran muy enfermos, normalmente empeorando su condición al permanecer toda la noche allí. Cuando regresan, sin embargo, la mayoría de las veces regresan con aire de serenidad.
Así que espere, curioso de ver que clase de fenómeno puede inspirar a las personas de esta manera tan poderosa. Espere por horas, dentro mi camioneta. Espere por horas. Espere hasta sentir que moriría congelado, aun con mis gruesas ropas.
Pude escuchar al espíritu antes de que pudiera verlo. Un crujido en la nieve en el silencio de la noche me hizo saltar de mi camioneta y voltear. Un hombre encorvado, con la piel grisácea estaba parado a solo unos metros de mí. Con ojos tristes y amarillentos que me miraban a los ojos, ojos amarillentos dentro una cráneo del cual salían solo un par de grasosos cabellos. Respiraba muy pesadamente, con un tamborileo que chocaba en su frágil pecho. Uno de sus brazos lucia como si se hubiese destrozado, y como si se hubiese tratado de sanar así mismo de manera imperfecta. T trozos de carne putrefacta cayéndose mostraban sus débiles piernas. El hombre me miro, quizás por unos diez segundos, respirando en el helado aire y exhalando un vapor pesado y viscoso, antes de desaparecer cuando parpadeé.
Gire en busca del hombre, pero se había ido. Camine hacia donde el había estado parado, encontré un par de huellas ensangrentadas en la nieve. Frenético y con mucho temor, me subí a mi camioneta y me dirigí al pueblo tan rápido como el hielo me permitía. Algunos pueblerinos me estaban esperando cuando llegue, sabiendo que Salí hacia la Tundra, curioso de lo que podría pasar. Rápidamente Salí de mi camioneta y corrí con el pueblerino mas cercano, demandando: “Que hay de benevolente de estos espíritus?! Que es tan inspirador acerca de ellos? Como te ayudan estos espíritus?”
“Que fue lo que viste?” Pregunto el hombre, con su mirada puesta en mis ojos temerosos.
“Vi un hombre, horriblemente desfigurado y desesperadamente enfermo!” – Le grite en su cara, mientras los demás pueblerinos se echaron hacia atrás.
“Porque? Que es lo que significa” –Le suplique
“Los espíritus solo pueden mostrarte una sola cosa…” el hombre me explico. “Ellos muestran a los visitantes, dentro de un año en el futuro.”
LO QUE ACECHA EN LOS CAMPOS
Fue solo hace algunas semanas que los bultos de paja empezaban a alejarse de la casa. Cada mañana cuando despertaba, cada bulto se movía algunos metros del lugar donde se encontraban. Asumía que eran bromistas sin nada mejor que hacer, así que lo ignore. En pocos días, los bultos empezaban a alejarse hacia los límites de la granja. Estaba fastidiado del jueguito para ese entonces y decidí colocarlos en su lugar. Me tomo una tediosa hora ponerlos de nuevo en su lugar, cerca de la casa, y para ese entonces estaba listo para romperle el cuello a cualquier monito que decidiera joderme.
A la mañana siguiente, encontré a todos mis caballos decapitados… El olor fue lo que me despertó. Cada uno de ellos acostado de lado dentro su establo. No había señales de las cabezas. Pase el resto del día limpiando el desastre y enterrando los restos. Fue entonces, cuando note que los bultos de paja habían regresado a sus posiciones del día anterior, esparcidos a los lejos, en los campos. Esta vez, los deje en donde los encontré.
Esa noche, me senté en el porche con mi escopeta en mano, y una olla de café en la tabla a mi lado. Me senté por horas, fijando mis ojos en el campo para tratar de encontrar al tipo que movía mis bultos de paja. Finalmente, empecé a quedarme dormido… Y me hubiese quedado dormido, a no ser porque en el momento en que mis ojos empezaban a cerrarse, escuche a los arboles del bosque cercano agitarse y estremecerse. Me levante, con mi corazón latiendo fuertemente; Camine, con mi escopeta al frente. Tenia que atrapar al bastardo. Espere ansiosamente por cualquier persona que se acercara lo suficiente para sorprenderme.
Fue entonces cuando algo se me acerco lo suficiente para poder yo distinguir su silueta en la obscuridad. La cosa que asechaba en los bosques cercanos a mi granja, parecía no notar que yo estaba sentado cerca. Parecía acechar, encorvada con la postura de un ladrón de carteras. De no ser porque, aun encorvada, tenía unos 4 metros de alto, parecería casi frágil. Los delgados brazos y piernas, y su pecho emancipado, me recordaban a un animal muriendo de hambre. Sin embargo, esta cosa era increíblemente fuerte, pues vi como cargaba un bulto de paja bajo cada uno de sus brazos con facilidad, y lo acomodaba con cuidado a lo lejos. La observe trabajar, moviendo cada uno de los bultos con cuidado. De vez en cuando se desencordaba para buscar por más bultos en el campo, antes de ajustar el bulto en el que trabajaba.
Antes de que decidiera retirarme, note que miraba a mi casa. Sentí sus ojos barrerme en la obscuridad, pero no estoy seguro de que me haya visto. Entonces, esa cosa giro sigilosamente y regreso por donde vino, a la obscuridad de los bosques. Me tomo una hora antes de recuperar el valor para moverme nuevamente. Me metí a mi casa des pues de un rato, pero no dormí en esa noche. Fue solo hasta que el sol salió, que me atreví a poner un pie fuera de mi porche hacia los campos. Los bultos de paja estaban donde los había dejado, esa cosa. Sin embargo, note que esta vez no los había movida tan lejos como las noches anteriores; Parecían marcar una especie de línea. Y mientras camine alrededor de la casa, vi que formaban un distintivo círculo alrededor de mi casa, conmigo en el centro. Me di cuenta que los bultos estaban formando una especie de frontera, como si esa cosa estuviera enviándome un mensaje. Pude dormir un poco esa noche, y solo porque estaba agotado.
La siguiente mañana, no hubo movimiento de los bultos. No se movieron para nada por el resto de la semana, de hecho. Estaban finalmente donde esa cosa quería que estuvieran. Enferme tratando de interpretarlos. Porque esa cosa habría invertido tanta energía moviendo bultos de paja, y amenazarme con tanta violencia en caso de que yo interfiriera? Asesinar mis caballos fue solo eso: una amenaza. Una amenaza inteligente. Sabía que me asustaría, y sabía que entendería las implicaciones. El sonido de un automóvil trabajando cerca del camino a mi granja, un mañana, me dio un golpe de emoción. Planeaba abandonar la granja desde que vi a la cosa, pero no podía irme a pie si arriesgar a que me hiciera lo que le hizo a mis caballos. Pero, si podía llegar al automóvil que se aproximaba, lo pararía sin importarme quien fuera, así tuviera que asaltarlos.
No tuve la oportunidad.
El carro avanzo lentamente por el camino. Le hice señales para que se apurara. Fue cuando pasó entre dos de los bultos de paja que estaban colocados en cada lado del camino, que escuche un estruendo en los bosques. La cosa salió de repente de entre los arboles corriendo en sus cuatro flácidos y terribles miembros hacia el automóvil. En solo segundos, se lanzo al auto como un felino depredador; en segundos, estaba pelando la carrocería de metal del auto, tratando de llegar al conductor. El hombre, quien haya sido, gritaba, mientras yo solo podía escuchar el crujido del metal y el romperse de lo vidrios. Fue entonces que la cosa lo aplasto en su mano, cuando dejo de gritar el hombre. Lo aventó, y se desencorvo para mirarme nuevamente.
A plena luz del sol, pude ver la falta de humanidad en ella. Estaba compuesta de algo asqueroso, terrible y… vivo, lo cual estaba pegado formando una burla del semblante humano.
La cosa se regreso a los bosques, y yo me quede parado, en shock. Mi ojos miraban a donde se encontraba el auto, con la maquina todavía trabajando, entre los dos bultos de paja. De repente, entendí. El mensaje era claro. Soy el prisionero de esta cosa. Y no se me permiten visitas. Nada podrá cruzar las fronteras que me impuso. Estoy atrapado aquí, por lo que acecha en los campos. Y no me pide nada excepto, que no puedo marcharme de aquí. Aun así, no creo soportar ser el canario de esa cosa.
He pensado mucho en los últimos días, desde que vi como aplastaba a ese hombre. Si cruzo la frontera de bultos de paja, probablemente me hará lo mismo; Aplastara mi cráneo antes de que pueda poner mis manos para protegerme… Después encontrara una nueva mascota que pueda quedarse quieta sabiendo que esa cosa esta esperando afuera, observándola con esos grandes y brillantes ojos.
Creo...que voy a intentar escapar.
A la mañana siguiente, encontré a todos mis caballos decapitados… El olor fue lo que me despertó. Cada uno de ellos acostado de lado dentro su establo. No había señales de las cabezas. Pase el resto del día limpiando el desastre y enterrando los restos. Fue entonces, cuando note que los bultos de paja habían regresado a sus posiciones del día anterior, esparcidos a los lejos, en los campos. Esta vez, los deje en donde los encontré.
Esa noche, me senté en el porche con mi escopeta en mano, y una olla de café en la tabla a mi lado. Me senté por horas, fijando mis ojos en el campo para tratar de encontrar al tipo que movía mis bultos de paja. Finalmente, empecé a quedarme dormido… Y me hubiese quedado dormido, a no ser porque en el momento en que mis ojos empezaban a cerrarse, escuche a los arboles del bosque cercano agitarse y estremecerse. Me levante, con mi corazón latiendo fuertemente; Camine, con mi escopeta al frente. Tenia que atrapar al bastardo. Espere ansiosamente por cualquier persona que se acercara lo suficiente para sorprenderme.
Fue entonces cuando algo se me acerco lo suficiente para poder yo distinguir su silueta en la obscuridad. La cosa que asechaba en los bosques cercanos a mi granja, parecía no notar que yo estaba sentado cerca. Parecía acechar, encorvada con la postura de un ladrón de carteras. De no ser porque, aun encorvada, tenía unos 4 metros de alto, parecería casi frágil. Los delgados brazos y piernas, y su pecho emancipado, me recordaban a un animal muriendo de hambre. Sin embargo, esta cosa era increíblemente fuerte, pues vi como cargaba un bulto de paja bajo cada uno de sus brazos con facilidad, y lo acomodaba con cuidado a lo lejos. La observe trabajar, moviendo cada uno de los bultos con cuidado. De vez en cuando se desencordaba para buscar por más bultos en el campo, antes de ajustar el bulto en el que trabajaba.
Antes de que decidiera retirarme, note que miraba a mi casa. Sentí sus ojos barrerme en la obscuridad, pero no estoy seguro de que me haya visto. Entonces, esa cosa giro sigilosamente y regreso por donde vino, a la obscuridad de los bosques. Me tomo una hora antes de recuperar el valor para moverme nuevamente. Me metí a mi casa des pues de un rato, pero no dormí en esa noche. Fue solo hasta que el sol salió, que me atreví a poner un pie fuera de mi porche hacia los campos. Los bultos de paja estaban donde los había dejado, esa cosa. Sin embargo, note que esta vez no los había movida tan lejos como las noches anteriores; Parecían marcar una especie de línea. Y mientras camine alrededor de la casa, vi que formaban un distintivo círculo alrededor de mi casa, conmigo en el centro. Me di cuenta que los bultos estaban formando una especie de frontera, como si esa cosa estuviera enviándome un mensaje. Pude dormir un poco esa noche, y solo porque estaba agotado.
La siguiente mañana, no hubo movimiento de los bultos. No se movieron para nada por el resto de la semana, de hecho. Estaban finalmente donde esa cosa quería que estuvieran. Enferme tratando de interpretarlos. Porque esa cosa habría invertido tanta energía moviendo bultos de paja, y amenazarme con tanta violencia en caso de que yo interfiriera? Asesinar mis caballos fue solo eso: una amenaza. Una amenaza inteligente. Sabía que me asustaría, y sabía que entendería las implicaciones. El sonido de un automóvil trabajando cerca del camino a mi granja, un mañana, me dio un golpe de emoción. Planeaba abandonar la granja desde que vi a la cosa, pero no podía irme a pie si arriesgar a que me hiciera lo que le hizo a mis caballos. Pero, si podía llegar al automóvil que se aproximaba, lo pararía sin importarme quien fuera, así tuviera que asaltarlos.
No tuve la oportunidad.
El carro avanzo lentamente por el camino. Le hice señales para que se apurara. Fue cuando pasó entre dos de los bultos de paja que estaban colocados en cada lado del camino, que escuche un estruendo en los bosques. La cosa salió de repente de entre los arboles corriendo en sus cuatro flácidos y terribles miembros hacia el automóvil. En solo segundos, se lanzo al auto como un felino depredador; en segundos, estaba pelando la carrocería de metal del auto, tratando de llegar al conductor. El hombre, quien haya sido, gritaba, mientras yo solo podía escuchar el crujido del metal y el romperse de lo vidrios. Fue entonces que la cosa lo aplasto en su mano, cuando dejo de gritar el hombre. Lo aventó, y se desencorvo para mirarme nuevamente.
A plena luz del sol, pude ver la falta de humanidad en ella. Estaba compuesta de algo asqueroso, terrible y… vivo, lo cual estaba pegado formando una burla del semblante humano.
La cosa se regreso a los bosques, y yo me quede parado, en shock. Mi ojos miraban a donde se encontraba el auto, con la maquina todavía trabajando, entre los dos bultos de paja. De repente, entendí. El mensaje era claro. Soy el prisionero de esta cosa. Y no se me permiten visitas. Nada podrá cruzar las fronteras que me impuso. Estoy atrapado aquí, por lo que acecha en los campos. Y no me pide nada excepto, que no puedo marcharme de aquí. Aun así, no creo soportar ser el canario de esa cosa.
He pensado mucho en los últimos días, desde que vi como aplastaba a ese hombre. Si cruzo la frontera de bultos de paja, probablemente me hará lo mismo; Aplastara mi cráneo antes de que pueda poner mis manos para protegerme… Después encontrara una nueva mascota que pueda quedarse quieta sabiendo que esa cosa esta esperando afuera, observándola con esos grandes y brillantes ojos.
Creo...que voy a intentar escapar.
domingo, 4 de agosto de 2013
SEÑOR BOCÓN
Durante mi infancia, mi familia era como una gota de agua en un río inmenso, nunca permanecía demasiado tiempo en el mismo lugar. Llegamos a Rhode Island cuando tenía ocho años y permanecimos allí hasta que me fui a la universidad en Colorado Springs. La mayoría de mis recuerdos están arraigados en Rhode Island, pero hay algunos fragmentos en el sótano de mi cerebro que pertenecen a los muchos lugares donde vivimos cuando era más pequeño.
Muchos de esos recuerdos son borrosos y disparatados (en uno persigo a otro niño en el jardín de una casa en North Carolina, en otro trato de de construir una balsa para cruzar el arroyo cerca de un apartamento que rentábamos en Pennsylvania, y muchos más). Pero hay uno en especial que permanece tan claro como el agua, como si hubiera sido ayer. A veces pienso que esos recuerdos son simples alucinaciones provocadas por la larga convalecencia que experimenté esa primavera, pero mi corazón sabe que son reales.
Vivíamos en una casa a las afueras de la ajetreada metrópolis de New Vineyard, una ciudad de Maine con una población de 634 habitantes. Era un gran edificio, especialmente para una familia de tres. Hubo algunas habitaciones que nunca llegué a ver durante los cinco meses que vivimos allí. En cierto modo, era un desperdicio de espacio, pero era la única casa disponible de la zona que estaba a menos de una hora de camino del trabajo de mi padre.
Un día antes de mi cumpleaños número cinco (al cual sólo iban a asistir mis padres) caí enfermo de fiebre. El doctor me diagnosticó Mononucleosis, lo cual significaba mucha fiebre y nada de jugar afuera durante al menos tres semanas. Era horrible estar postrado en la cama con mi cuarto vacío y todas mis cosas empacadas en cajas. Estábamos en proceso de mudarnos a Pennsylvania y mis padres habían comenzado a empacar todo. Mi mamá me llevaba Ginger Ale* y varios libros al día, que constituirían mi única forma de entretenimiento durante las siguientes semanas. El aburrimiento estaba a la vuelta de la esquina, esperando asomar su fea cabezota y agravar mi desolación.
No recuerdo exactamente cómo conocí al Señor Bocón. Creo que fue una semana después de haber sido diagnosticado con Mono. Lo primero que recuerdo de la pequeña criatura fue que le pregunté si tenía un nombre. Me dijo que lo llamara Señor Bocón, porque su boca era enorme, de hecho, todo en él era enorme en comparación con su cuerpo (su cabeza, sus ojos y sus torcidas orejas) pero su boca se llevaba el premio.
-Te pareces mucho a un Furby- le dije mientras él hojeaba uno de mis libros.
El Señor Bocón cerró el libro me miró. –¿Furby? ¿Qué es un Furby?- me preguntó.
-Ya sabes… el juguete. El robotcito con las orejotas. Puedes acariciarlo y alimentarlo, casi como a una mascota de verdad- le dije alzando los hombros.
-¡Oh!- El Señor Bocón siguió pasando las hojas. –Tú no necesitas uno de esos. No son como tener un amigo de verdad.-
Recuerdo que el Señor Bocón desaparecía cada vez que mi mamá iba a verme. -Me escondo bajo tu cama- me explicó después. –No quiero que tus papás me vean porque tengo miedo de que no nos dejen jugar nunca más.-
No hicimos mucho durante algunos días. El Señor Bocón veía mis libros, fascinado por las historias y las imágenes que contenían. La tercera o cuarta mañana después de conocerlo, me agradeció con una gran sonrisa en su cara. –Tengo un juego nuevo que podemos jugar- dijo –Debemos esperar hasta que tu mamá venga a revisarte y se vaya, porque no puede vernos jugar. Es un juego secreto.-
Una vez que mi mamá dejó más libros y refresco a la hora de siempre, el Señor Bocón se deslizo por debajo de la cama y tomó mi mano. –Tenemos que ir al cuarto que está al final de este pasillo- dijo. Al principio me negué, porque mis padres me habían negado salir de mi habitación sin permiso, pero el Señor Bocón insistió hasta que cedí.
El cuarto en cuestión no tenía muebles ni pintura. La única característica distinguible era una ventana justo frente a la puerta. El Señor Bocón cruzó la habitación y le dio a la venta un fuerte empujón para abrirla. Luego me llamó y me dijo que me asomara para ver el terreno que estaba debajo.
Estábamos en la segunda planta de la casa, pero como ésta estaba construida sobre una colina, desde ese ángulo la caída se veía mucho más pronunciada. –Cuando me paro aquí- explicó el Señor Bocón –me gusta imaginar que hay un gran trampolín bajo la ventana… y salto. Si lo imaginas con todas tus fuerzas puedes rebotar hasta acá y caer como una pluma. Quiero que lo intentes.-
Yo era tan sólo un niño de cinco años con fiebre, así que sólo una pizca de escepticismo cruzó por mi mente cuando miré hacia abajo y consideré la posibilidad. –Está muy alto- le dije.
-Pero esa es la parte divertida. No sería divertido si fuera una caída corta. Para eso podrías brincar en un trampolín común y corriente.-
Jugué con la idea, me vi a mi mismo en caída libre y rebotando hacía la habitación de nuevo a través de la ventana, algo nunca antes visto por el ojo humano. Pero la parte realista (y enferma) de mí prevaleció. –Creo que mejor en otra ocasión- le dije –no sé si pueda imaginarlo con suficiente fuerza, podría lastimarme.-
La cara del Señor Bocón se contorsionó, pero sólo por un momento. La furia dio paso a la decepción –Si tú lo dices- me contestó. Pasó el resto del día bajo mi cama, tan callado como un ratón.
A la mañana siguiente, el Señor Bocón llegó sosteniendo una cajita. –Quiero enseñarte a hacer malabares- dijo –Aquí hay algunas cosas que puedes usar para practicar, antes de que te enseñe cómo hacerlo.-
Eché una mirada a la caja, estaba llena de cuchillos. – ¡Mis padres me matarán!- le dije muy asustado, pues el Señor Bocón había llevado cuchillos a mi habitación (objetos que mis padres nunca me permitirían tocar). – ¡Me van a golpear o peor, a castigar por un año!-
El Señor Bocón frunció el ceño. –Es divertido jugar con ellos, quiero que lo intentes.-
Hice la caja a un lado. –No puedo, me meteré en problemas, los cuchillos no son para lanzarlos al aire.-
El Señor Bocón frunció el ceño tanto como pudo. Tomó la caja de cuchillos y se metió bajo mi cama, quedándose allí el resto del día. Me comenzaba a preguntar cuánto tiempo pasaría debajo de mí.
Comencé a tener problemas para dormir después de eso. El Señor Bocón me despertaba a la mitad de la noche diciendo que había puesto un trampolín de verdad bajo la ventana, uno tan grande que era imposible verlo en la oscuridad. Siempre lo rechazaba e intentaba volverme a dormir, pero el Señor Bocón seguía insistiendo. Algunas veces se quedaba parado junto a mi cama hasta que amanecía, presionándome para que saltara.
Ya no era divertido jugar con él. Una mañana, mi mamá me dio permiso de jugar afuera. Dijo que un poco de aire fresco me haría bien, especialmente después de permanecer encerrado en mi habitación tanto tiempo. Muy emocionado, me puse los tenis y troté hasta el pórtico, bostezando mientras sentía el sol en mi cara.
El Señor Bocón me estaba esperando. –Tengo algo que quiero enseñarte- me dijo. Debí haber tenido una expresión de rechazo, porque se apresuró a decir – Es seguro, lo prometo.-
Lo seguí hasta el inicio de un sendero que cruzaba el bosque que había tras la casa. –Es un camino importante- me explicó –He tenido muchos amigos de tu edad. Cuando estuvieron listos, los llevé por este camino, a un lugar especial. Tú no estás listo todavía, pero un día, espero poder llevarte hasta allá.- Regresé a la casa, tratando de adivinar a dónde conduciría ese sendero.
Dos semanas después de conocer al Señor Bocón, mis padres habían subido el último cargamento a un camión de mudanza. Me senté junto a mi padre en la cabina del camión para hacer el largo viaje hasta Pennsylvania. Tenía pensado decirle al Señor Bocón que me iba, pero incluso a los cinco años, comenzaba a sospechar que quizá las intenciones de esa criatura no eran del todo nobles, a pesar de que él hubiera dicho lo contrario. Por esta razón, decidí mantener mi partida en secreto.
Mi padre y yo estábamos en el camión a las 4 de la mañana. Él esperaba llegar a Pennsylvania antes de la hora del almuerzo del día siguiente, ayudado por una dotación infinita de café y un paquete de seis bebidas energéticas. Parecía más un hombre a punto de correr un maratón que uno que iba a pasar dos días sentado en un camión.
-¿Es muy temprano para ti?- me preguntó con cierta compasión.
Asentí con la cabeza y me recargué en la ventana, esperando poder dormir antes de que el sol saliera. Sentí la mano de mi padre en mi hombro. –Esta es la última mudanza, lo prometo. Sé qué es difícil para ti, después de haber estado tan enfermo. Cuando a papá lo asciendan, podremos establecernos y entonces tendrás la oportunidad de hacer amigos.-
Abrí los ojos mientras él cerraba la caja del camión. Vi la silueta del Señor Bocón en la ventana de mi habitación. No se movió hasta que el camión alcanzó la carretera, entonces hizo un breve ademán de despedida sosteniendo un cuchillo para carne. No le regresé el gesto.
Años después, regresé a New Vineyard. El terreno que alguna vez había ocupado nuestra casa estaba vacío, excepto por los cimientos, pues la casa se había quemado unos años después de que mi familia la abandonara. Movido por la curiosidad, seguí el sendero que el Señor Bocón me había mostrado aquella vez. Una parte de mí esperaba que la criatura saliera de entre los árboles y me diera un susto de muerte, pero en el fondo, sabía que el Señor Bocón se había ido. Como si fuera algo atado a la casa que había desaparecido junto con ella.
El sendero llegaba al cementerio local de New Vineyard.
Noté de inmediato que muchas de las tumbas pertenecían a niños fallecidos alrededor de los cinco años.
Muchos de esos recuerdos son borrosos y disparatados (en uno persigo a otro niño en el jardín de una casa en North Carolina, en otro trato de de construir una balsa para cruzar el arroyo cerca de un apartamento que rentábamos en Pennsylvania, y muchos más). Pero hay uno en especial que permanece tan claro como el agua, como si hubiera sido ayer. A veces pienso que esos recuerdos son simples alucinaciones provocadas por la larga convalecencia que experimenté esa primavera, pero mi corazón sabe que son reales.
Vivíamos en una casa a las afueras de la ajetreada metrópolis de New Vineyard, una ciudad de Maine con una población de 634 habitantes. Era un gran edificio, especialmente para una familia de tres. Hubo algunas habitaciones que nunca llegué a ver durante los cinco meses que vivimos allí. En cierto modo, era un desperdicio de espacio, pero era la única casa disponible de la zona que estaba a menos de una hora de camino del trabajo de mi padre.
Un día antes de mi cumpleaños número cinco (al cual sólo iban a asistir mis padres) caí enfermo de fiebre. El doctor me diagnosticó Mononucleosis, lo cual significaba mucha fiebre y nada de jugar afuera durante al menos tres semanas. Era horrible estar postrado en la cama con mi cuarto vacío y todas mis cosas empacadas en cajas. Estábamos en proceso de mudarnos a Pennsylvania y mis padres habían comenzado a empacar todo. Mi mamá me llevaba Ginger Ale* y varios libros al día, que constituirían mi única forma de entretenimiento durante las siguientes semanas. El aburrimiento estaba a la vuelta de la esquina, esperando asomar su fea cabezota y agravar mi desolación.
No recuerdo exactamente cómo conocí al Señor Bocón. Creo que fue una semana después de haber sido diagnosticado con Mono. Lo primero que recuerdo de la pequeña criatura fue que le pregunté si tenía un nombre. Me dijo que lo llamara Señor Bocón, porque su boca era enorme, de hecho, todo en él era enorme en comparación con su cuerpo (su cabeza, sus ojos y sus torcidas orejas) pero su boca se llevaba el premio.
-Te pareces mucho a un Furby- le dije mientras él hojeaba uno de mis libros.
El Señor Bocón cerró el libro me miró. –¿Furby? ¿Qué es un Furby?- me preguntó.
-Ya sabes… el juguete. El robotcito con las orejotas. Puedes acariciarlo y alimentarlo, casi como a una mascota de verdad- le dije alzando los hombros.
-¡Oh!- El Señor Bocón siguió pasando las hojas. –Tú no necesitas uno de esos. No son como tener un amigo de verdad.-
Recuerdo que el Señor Bocón desaparecía cada vez que mi mamá iba a verme. -Me escondo bajo tu cama- me explicó después. –No quiero que tus papás me vean porque tengo miedo de que no nos dejen jugar nunca más.-
No hicimos mucho durante algunos días. El Señor Bocón veía mis libros, fascinado por las historias y las imágenes que contenían. La tercera o cuarta mañana después de conocerlo, me agradeció con una gran sonrisa en su cara. –Tengo un juego nuevo que podemos jugar- dijo –Debemos esperar hasta que tu mamá venga a revisarte y se vaya, porque no puede vernos jugar. Es un juego secreto.-
Una vez que mi mamá dejó más libros y refresco a la hora de siempre, el Señor Bocón se deslizo por debajo de la cama y tomó mi mano. –Tenemos que ir al cuarto que está al final de este pasillo- dijo. Al principio me negué, porque mis padres me habían negado salir de mi habitación sin permiso, pero el Señor Bocón insistió hasta que cedí.
El cuarto en cuestión no tenía muebles ni pintura. La única característica distinguible era una ventana justo frente a la puerta. El Señor Bocón cruzó la habitación y le dio a la venta un fuerte empujón para abrirla. Luego me llamó y me dijo que me asomara para ver el terreno que estaba debajo.
Estábamos en la segunda planta de la casa, pero como ésta estaba construida sobre una colina, desde ese ángulo la caída se veía mucho más pronunciada. –Cuando me paro aquí- explicó el Señor Bocón –me gusta imaginar que hay un gran trampolín bajo la ventana… y salto. Si lo imaginas con todas tus fuerzas puedes rebotar hasta acá y caer como una pluma. Quiero que lo intentes.-
Yo era tan sólo un niño de cinco años con fiebre, así que sólo una pizca de escepticismo cruzó por mi mente cuando miré hacia abajo y consideré la posibilidad. –Está muy alto- le dije.
-Pero esa es la parte divertida. No sería divertido si fuera una caída corta. Para eso podrías brincar en un trampolín común y corriente.-
Jugué con la idea, me vi a mi mismo en caída libre y rebotando hacía la habitación de nuevo a través de la ventana, algo nunca antes visto por el ojo humano. Pero la parte realista (y enferma) de mí prevaleció. –Creo que mejor en otra ocasión- le dije –no sé si pueda imaginarlo con suficiente fuerza, podría lastimarme.-
La cara del Señor Bocón se contorsionó, pero sólo por un momento. La furia dio paso a la decepción –Si tú lo dices- me contestó. Pasó el resto del día bajo mi cama, tan callado como un ratón.
A la mañana siguiente, el Señor Bocón llegó sosteniendo una cajita. –Quiero enseñarte a hacer malabares- dijo –Aquí hay algunas cosas que puedes usar para practicar, antes de que te enseñe cómo hacerlo.-
Eché una mirada a la caja, estaba llena de cuchillos. – ¡Mis padres me matarán!- le dije muy asustado, pues el Señor Bocón había llevado cuchillos a mi habitación (objetos que mis padres nunca me permitirían tocar). – ¡Me van a golpear o peor, a castigar por un año!-
El Señor Bocón frunció el ceño. –Es divertido jugar con ellos, quiero que lo intentes.-
Hice la caja a un lado. –No puedo, me meteré en problemas, los cuchillos no son para lanzarlos al aire.-
El Señor Bocón frunció el ceño tanto como pudo. Tomó la caja de cuchillos y se metió bajo mi cama, quedándose allí el resto del día. Me comenzaba a preguntar cuánto tiempo pasaría debajo de mí.
Comencé a tener problemas para dormir después de eso. El Señor Bocón me despertaba a la mitad de la noche diciendo que había puesto un trampolín de verdad bajo la ventana, uno tan grande que era imposible verlo en la oscuridad. Siempre lo rechazaba e intentaba volverme a dormir, pero el Señor Bocón seguía insistiendo. Algunas veces se quedaba parado junto a mi cama hasta que amanecía, presionándome para que saltara.
Ya no era divertido jugar con él. Una mañana, mi mamá me dio permiso de jugar afuera. Dijo que un poco de aire fresco me haría bien, especialmente después de permanecer encerrado en mi habitación tanto tiempo. Muy emocionado, me puse los tenis y troté hasta el pórtico, bostezando mientras sentía el sol en mi cara.
El Señor Bocón me estaba esperando. –Tengo algo que quiero enseñarte- me dijo. Debí haber tenido una expresión de rechazo, porque se apresuró a decir – Es seguro, lo prometo.-
Lo seguí hasta el inicio de un sendero que cruzaba el bosque que había tras la casa. –Es un camino importante- me explicó –He tenido muchos amigos de tu edad. Cuando estuvieron listos, los llevé por este camino, a un lugar especial. Tú no estás listo todavía, pero un día, espero poder llevarte hasta allá.- Regresé a la casa, tratando de adivinar a dónde conduciría ese sendero.
Dos semanas después de conocer al Señor Bocón, mis padres habían subido el último cargamento a un camión de mudanza. Me senté junto a mi padre en la cabina del camión para hacer el largo viaje hasta Pennsylvania. Tenía pensado decirle al Señor Bocón que me iba, pero incluso a los cinco años, comenzaba a sospechar que quizá las intenciones de esa criatura no eran del todo nobles, a pesar de que él hubiera dicho lo contrario. Por esta razón, decidí mantener mi partida en secreto.
Mi padre y yo estábamos en el camión a las 4 de la mañana. Él esperaba llegar a Pennsylvania antes de la hora del almuerzo del día siguiente, ayudado por una dotación infinita de café y un paquete de seis bebidas energéticas. Parecía más un hombre a punto de correr un maratón que uno que iba a pasar dos días sentado en un camión.
-¿Es muy temprano para ti?- me preguntó con cierta compasión.
Asentí con la cabeza y me recargué en la ventana, esperando poder dormir antes de que el sol saliera. Sentí la mano de mi padre en mi hombro. –Esta es la última mudanza, lo prometo. Sé qué es difícil para ti, después de haber estado tan enfermo. Cuando a papá lo asciendan, podremos establecernos y entonces tendrás la oportunidad de hacer amigos.-
Abrí los ojos mientras él cerraba la caja del camión. Vi la silueta del Señor Bocón en la ventana de mi habitación. No se movió hasta que el camión alcanzó la carretera, entonces hizo un breve ademán de despedida sosteniendo un cuchillo para carne. No le regresé el gesto.
Años después, regresé a New Vineyard. El terreno que alguna vez había ocupado nuestra casa estaba vacío, excepto por los cimientos, pues la casa se había quemado unos años después de que mi familia la abandonara. Movido por la curiosidad, seguí el sendero que el Señor Bocón me había mostrado aquella vez. Una parte de mí esperaba que la criatura saliera de entre los árboles y me diera un susto de muerte, pero en el fondo, sabía que el Señor Bocón se había ido. Como si fuera algo atado a la casa que había desaparecido junto con ella.
El sendero llegaba al cementerio local de New Vineyard.
Noté de inmediato que muchas de las tumbas pertenecían a niños fallecidos alrededor de los cinco años.
*Ginger Ale es una marca de refresco que originalmente contenía jengibre y por esto, la gente le atribuía propiedades medicinales para curar los resfriados.
jueves, 1 de agosto de 2013
10
La página empieza a ser conocida.
Me refiero a FSA, esa página web que estamos diseñando. Yo y dos amigos más. Es todo muy entretenido, y sentimos un entusiasmo voraz por acabar con ella, terminar de editarla, ponerla en la red de una vez por todas.
Hace ya algunas semanas que venimos prometiendo entretenimientos, música, videos, historietas, dibujos, cuentos, etc., y no había ninguna especie de problema con eso. Hasta hace unos días. Fuimos diciéndoles a todos que la página iba progresando, que iba acercándose al final. Cosa muy distinta era lo que ocurría en realidad.
Hace aproximadamente 10 días, tal vez 12; no lo recuerdo bien, se nos comenzó a manifestar cierto tipo de incomodidades… Sí, así podrían llamarse. La página tenía sus desperfectos, o el editor, mejor dicho: a menudo se nos tildaba y muchas veces nos complicaba subir música, imágenes.
Quizá en el momento, en la sorpresa, no nos dimos cuenta. Se podría decir que hasta subestimamos lo que nos pasaba. La primera cosa extraña que notamos fue que, al abrir el editor, se tardaba más de la cuenta. Todos conocen la clásica barra de porcentaje que indica el progreso de carga de la página. Pues, lo que más nos desconcertó, de buenas a primeras, fue que esta misma barra se quedaba estancada en 1%. Cada vez que abríamos el editor; tanto era así, tan recurrente, que decidimos tomar el tiempo exacto que tardaba en regresar a la carga normal. 6 minutos exactos. Seis minutos demorados en ese 1.
Cada vez me costaba más subir la información. La carga siempre se interrumpía, el Plug-In se tildaba cada vez más seguido.
Era frustrante.
Debí intentar clausurar el proyecto de la manera que pudiera, y así perder todos los datos, todos los cambios hechos en la página. Pero subestimé lo que estaba pasando. Ineptamente, atribuía todos esos errores a que la página estaba sobrecargada y excedida en capacidad de archivos.
La máxima sorpresa fue al día siguiente.
Bueno, en realidad no me sorprendió cuando lo vi por primera vez. Hasta creo haber reído. Un enorme 10. Un enorme 10 escrito en todas y cada una de las páginas. Un 10 en color rojo. Y ahora que lo pienso, en una fuente que no conocía, y que ni la página ni mi computadora poseía.
Llamé a mis dos amigos y les consulté si esto era obra suya, alguna especie de broma; aunque sin mucha convicción. Sin convicción primero, porque si se trataba de una broma, obviamente intentarían mantenerla y no me dirían la verdad. Segundo, porque pensé que ellos serían incapaces de hacer algo así. Por más que tengamos cierta complicidad para las bromas, no somos muy tolerantes.
Pero ellos tenían el mismo problema. Y estaban empecinados, ambos, en que yo confesara que era obra mía.
No, no habían sido ellos. Los conozco demasiado como para saber cuándo mienten y cuándo no. Por otro lado, su voz sonaba incluso… asustada. Haciéndome ver que ellos sí se tomaban en serio que la página estuviese dando problemas.
Esa tarde decidimos reunirnos. Comenzamos a pensar, las ideas fueron descartadas tan rápido como fueron llegando. Consideramos tomarlo como un error de edición, en alguna imagen que podría haber surgido de una carga mal hecha; que quizás algunas de las imágenes que subimos simplemente se habían roto, e incluso en la posibilidad de un hacker.
En fin, el daño estaba hecho. El resto del día lo ocupamos borrando todos esos 10 enormes de cada página maestra, página y subpágina. Al volver a casa y sentarme en mi computadora me abordó una sensación de asco por el simple hecho de tener que encenderla y otra vez tener que ver ese monitor, escribir en ese incómodo teclado.
Abrí Facebook, creo que YouTube, y algunas páginas más, como buscando algo en que relajar mi cabeza. Incluso me preparé un té, cosa rarísima en mí.
Dejándome llevar por Internet, que es casi como una droga electrónica, sin darme cuenta, olvidé el extraño suceso vivido ese día. Llegado el momento, abrí el editor de la página, casi inconscientemente.
Tiré mi taza al suelo. Contuve mis ganas de maldecir.
Simplemente no podía apartar mis ojos del monitor. 10. Por todos lados. En cada página, otra vez.
Actualicé y actualicé millones de veces la página. La abría y la volvía a cerrar. Era imposible. ¿Acaso habíamos olvidado guardar los cambios esa misma tarde? No, fuimos cuidadosos. No se nos hubiera pasado por alto. Volví a Facebook esperando ver conectado a alguno de mis amigos. Me resigné enseguida.
Cerré mis ojos lanzando un bufido, pensando en lo tedioso que sería borrarlos de nuevo.
Hacker sin duda, pensé.
Al otro día me levanté algo tarde. Creo que mis padres ya habían almorzado. Por instinto encendí la computadora, inseguro de si realmente quería hacerlo o no. Entré a Facebook primero, tenía 3 mensajes. Dos de mis amigos diciendo… bueno, insultando, que los 10 estaban de nuevo en la página, ambos de la noche anterior.
Abrí el tercero, sin saber qué esperar. Sólo vi un 9. Sacudí la cabeza, y pestañeé, creí que un 9 sería lo último que me encontraría en mis mensajes.
Cansado de la situación me fui a preparar algo de comer. Recibí una llamada de mi amigo al rato, desconcertado repitiendo que entrara a la página. Corrí al ordenador.
9.
9 por todos lados.
—¡Mierda! —grité.
Era inminente, estábamos invadidos por hackers.
No sólo conseguimos antivirus de toda clase, como así anti-hackers y de los mejores, también fuimos a la biblioteca a iniciar la página desde ahí. La borramos totalmente de nuestras computadoras y nos trasladamos a la biblioteca. Hicimos lo posible por cambiar de contraseñas, nicks y demás. Inclusive enviamos un correo al dueño de Wix.com, que es el editor desde el cual hacemos la página, contándole nuestros problemas, e implorándole ayuda.
Lo único que logramos fue frustrarnos aún más.
Tuvimos que ver cómo, con el pasar de los días, no sólo los números volvían a aparecer cuando los borrábamos, sino que también iban en cuenta regresiva. Nos sentíamos burlados. Y preferimos esperar a ver qué sucedería al llegar a 0.
Y por más molesta que la escena haya sido, el cero no llegó, quedando el conteo parado descaradamente en el 1.
Se mantuvo así, por un tiempo, hasta que nos dignamos de intentar borrarlo. Nos tomó un tiempo y fue más difícil que veces anteriores por la poca cooperación que ofrecía el editor. Acabamos y esperamos, un día pasó y al no ver más señales de que la situación fuese a continuar dimos como terminado el problema, aliviados.
Pero no fue así.
Por cada intento que hacíamos de subir una imagen, se nos era respondido con otra en su lugar. Vistas perturbadoras que nadie por voluntad propia se dispondría a contemplar. Todo cuanto tecleábamos aparecía en esa repulsiva fuente con la que estaban escritos los números, con su color que permanecía en negro, siempre, por más que intentáramos seleccionar de la paleta cualquier otro. Y las insistentes pesadillas. Eran las experiencias más aberrantes y desgarradoras que hayamos advertido.
Pero no sólo eso, solíamos escuchar un terrible chillido, que más de una vez me pareció entender que decía “one”. Acompañado de la constante, persistente frase: Just a Warning.
Cuando se nos denegó acceso completo a la página y una imagen apareció salvajemente en la pantalla; una delgada línea como un haz de luz en vertical, y un gran 10 rojo a su lado, sólo pudimos suponer lo peor.
Todo el maldito juego, una vez más, desde el comienzo.
Recuerdo que cruzamos las miradas resignados. Nos alejamos de la pantalla y sentamos en la cama, siempre con vista al computador. Y nos quedamos allí, observando…, observando la imagen. Imagen que parecía moverse.
Transcurrido alrededor de una hora el haz de luz se había hecho notoriamente más grande. Justo en ese momento, el 10 cambió tan abruptamente que la ilusión del 10 quedó grabada en nuestros ojos varios segundos, antes de que nos percatáramos de que sobre la pantalla se enseñaba un 9 morbosamente en rojo. Entonces pudimos distinguir que no era sólo un haz de luz. Era una puerta, que se estaba abriendo.
Fue justamente en el 8, una hora después exactamente, que nos dimos cuenta de la molesta melodía que sonaba detrás. Una horrible sensación nos llegó de tener la columna congelada, o peor, hecha de hielo. Causándonos esa sensación de sosiego, temiendo que el frágil hielo se quebrara de movernos.
Y transcurrían las horas, y con cada hora el número descendía aritméticamente. Hasta el 4 cesó el movimiento y la puerta quedó completamente abierta. Comenzamos a ver una silueta que aparecía; el sólo hecho de verla me erizó los pelos de todo el cuerpo. Se acercaba a paso lento, bastante lento.
Para este punto estábamos demasiado cansados, y vaya, hasta aburridos. Me recosté y conseguí dormir algo, dejando a mis dos amigos que se rehusaban a apartar la vista de la pantalla. No sé la verdad cómo logré conciliar el sueño en ese momento. Incluso soñé, nada tan exagerado, ni con mucho sentido, como usualmente se espera en mis sueños; pero me relajé por esas tres horas hasta que cayera el 1 anunciado por un espantoso grito que casi me tira de la cama. En el monitor había un rostro pálido y con los ojos vacíos, una boca abierta y profunda. Dejaba ver su roída mano con el índice levantado, en señal de silencio; o así fue como lo comprendí.
Dejó salir un gemido rasposo del que pude distinguir claramente “one”. Uno de mis amigos entró en llanto, y no hizo más que inquietarme.
Y entonces la energía se fue súbitamente, en toda la cuadra. Creo que si hubiera estado solo en mi casa en esa situación, no podría haberlo soportado. Hubiera gritado, hubiera gritado hasta que el desgarro de mis cuerdas vocales lograra saciar mi sed de calor, de algo en lo que aferrarme; hubiera gritado hasta que el dolor de desangrarme la garganta opacara el terror que estaba sintiendo.
La música regresó, su voz… Pero la energía seguía ausente.
Estaba en la habitación.
No tardamos mucho en ubicarlo a unos pasos de la puerta mirándonos fijamente, sonriendo con malicia. Pronunció unas palabras en inglés, en lo que parecía ser un dialecto bastante antiguo, que con dificultad logramos captar. Pero tal y como los discípulos de Jesús pudieron entenderse entre ellos aquella noche de la llegada del Espíritu Santo, aunque no hablaban la misma lengua, pudimos nosotros comprender sus palabras:
“Sólo fue una advertencia, pero continuaron persistiendo…”
Esa cosa se nos acercó y susurró suavemente a mi oído…
“Zero”.
El terror me cerró los pulmones haciéndome casi imposible respirar. Por una hora entera permanecí inerte ante sus violentos gritos, a su presencia, a las alucinaciones que nos obligaba ver. No sé muy bien dónde nos ha llevado, pero estoy seguro que no seguimos en mi habitación. Y ha comenzado a contar, una vez más, desde el 10 hacia abajo.
Se me nubla la vista.
4…
Mi pulso disminuye.
3…
Me recuesto en este frío suelo, incapaz de seguir en pie.
2…
Pierdo lentamente el conocimiento.
1…
Y dejo de respirar…
Me refiero a FSA, esa página web que estamos diseñando. Yo y dos amigos más. Es todo muy entretenido, y sentimos un entusiasmo voraz por acabar con ella, terminar de editarla, ponerla en la red de una vez por todas.
Hace ya algunas semanas que venimos prometiendo entretenimientos, música, videos, historietas, dibujos, cuentos, etc., y no había ninguna especie de problema con eso. Hasta hace unos días. Fuimos diciéndoles a todos que la página iba progresando, que iba acercándose al final. Cosa muy distinta era lo que ocurría en realidad.
Hace aproximadamente 10 días, tal vez 12; no lo recuerdo bien, se nos comenzó a manifestar cierto tipo de incomodidades… Sí, así podrían llamarse. La página tenía sus desperfectos, o el editor, mejor dicho: a menudo se nos tildaba y muchas veces nos complicaba subir música, imágenes.
Quizá en el momento, en la sorpresa, no nos dimos cuenta. Se podría decir que hasta subestimamos lo que nos pasaba. La primera cosa extraña que notamos fue que, al abrir el editor, se tardaba más de la cuenta. Todos conocen la clásica barra de porcentaje que indica el progreso de carga de la página. Pues, lo que más nos desconcertó, de buenas a primeras, fue que esta misma barra se quedaba estancada en 1%. Cada vez que abríamos el editor; tanto era así, tan recurrente, que decidimos tomar el tiempo exacto que tardaba en regresar a la carga normal. 6 minutos exactos. Seis minutos demorados en ese 1.
Cada vez me costaba más subir la información. La carga siempre se interrumpía, el Plug-In se tildaba cada vez más seguido.
Era frustrante.
Debí intentar clausurar el proyecto de la manera que pudiera, y así perder todos los datos, todos los cambios hechos en la página. Pero subestimé lo que estaba pasando. Ineptamente, atribuía todos esos errores a que la página estaba sobrecargada y excedida en capacidad de archivos.
La máxima sorpresa fue al día siguiente.
Bueno, en realidad no me sorprendió cuando lo vi por primera vez. Hasta creo haber reído. Un enorme 10. Un enorme 10 escrito en todas y cada una de las páginas. Un 10 en color rojo. Y ahora que lo pienso, en una fuente que no conocía, y que ni la página ni mi computadora poseía.
Llamé a mis dos amigos y les consulté si esto era obra suya, alguna especie de broma; aunque sin mucha convicción. Sin convicción primero, porque si se trataba de una broma, obviamente intentarían mantenerla y no me dirían la verdad. Segundo, porque pensé que ellos serían incapaces de hacer algo así. Por más que tengamos cierta complicidad para las bromas, no somos muy tolerantes.
Pero ellos tenían el mismo problema. Y estaban empecinados, ambos, en que yo confesara que era obra mía.
No, no habían sido ellos. Los conozco demasiado como para saber cuándo mienten y cuándo no. Por otro lado, su voz sonaba incluso… asustada. Haciéndome ver que ellos sí se tomaban en serio que la página estuviese dando problemas.
Esa tarde decidimos reunirnos. Comenzamos a pensar, las ideas fueron descartadas tan rápido como fueron llegando. Consideramos tomarlo como un error de edición, en alguna imagen que podría haber surgido de una carga mal hecha; que quizás algunas de las imágenes que subimos simplemente se habían roto, e incluso en la posibilidad de un hacker.
En fin, el daño estaba hecho. El resto del día lo ocupamos borrando todos esos 10 enormes de cada página maestra, página y subpágina. Al volver a casa y sentarme en mi computadora me abordó una sensación de asco por el simple hecho de tener que encenderla y otra vez tener que ver ese monitor, escribir en ese incómodo teclado.
Abrí Facebook, creo que YouTube, y algunas páginas más, como buscando algo en que relajar mi cabeza. Incluso me preparé un té, cosa rarísima en mí.
Dejándome llevar por Internet, que es casi como una droga electrónica, sin darme cuenta, olvidé el extraño suceso vivido ese día. Llegado el momento, abrí el editor de la página, casi inconscientemente.
Tiré mi taza al suelo. Contuve mis ganas de maldecir.
Simplemente no podía apartar mis ojos del monitor. 10. Por todos lados. En cada página, otra vez.
Actualicé y actualicé millones de veces la página. La abría y la volvía a cerrar. Era imposible. ¿Acaso habíamos olvidado guardar los cambios esa misma tarde? No, fuimos cuidadosos. No se nos hubiera pasado por alto. Volví a Facebook esperando ver conectado a alguno de mis amigos. Me resigné enseguida.
Cerré mis ojos lanzando un bufido, pensando en lo tedioso que sería borrarlos de nuevo.
Hacker sin duda, pensé.
Al otro día me levanté algo tarde. Creo que mis padres ya habían almorzado. Por instinto encendí la computadora, inseguro de si realmente quería hacerlo o no. Entré a Facebook primero, tenía 3 mensajes. Dos de mis amigos diciendo… bueno, insultando, que los 10 estaban de nuevo en la página, ambos de la noche anterior.
Abrí el tercero, sin saber qué esperar. Sólo vi un 9. Sacudí la cabeza, y pestañeé, creí que un 9 sería lo último que me encontraría en mis mensajes.
Cansado de la situación me fui a preparar algo de comer. Recibí una llamada de mi amigo al rato, desconcertado repitiendo que entrara a la página. Corrí al ordenador.
9.
9 por todos lados.
—¡Mierda! —grité.
Era inminente, estábamos invadidos por hackers.
No sólo conseguimos antivirus de toda clase, como así anti-hackers y de los mejores, también fuimos a la biblioteca a iniciar la página desde ahí. La borramos totalmente de nuestras computadoras y nos trasladamos a la biblioteca. Hicimos lo posible por cambiar de contraseñas, nicks y demás. Inclusive enviamos un correo al dueño de Wix.com, que es el editor desde el cual hacemos la página, contándole nuestros problemas, e implorándole ayuda.
Lo único que logramos fue frustrarnos aún más.
Tuvimos que ver cómo, con el pasar de los días, no sólo los números volvían a aparecer cuando los borrábamos, sino que también iban en cuenta regresiva. Nos sentíamos burlados. Y preferimos esperar a ver qué sucedería al llegar a 0.
Y por más molesta que la escena haya sido, el cero no llegó, quedando el conteo parado descaradamente en el 1.
Se mantuvo así, por un tiempo, hasta que nos dignamos de intentar borrarlo. Nos tomó un tiempo y fue más difícil que veces anteriores por la poca cooperación que ofrecía el editor. Acabamos y esperamos, un día pasó y al no ver más señales de que la situación fuese a continuar dimos como terminado el problema, aliviados.
Pero no fue así.
Por cada intento que hacíamos de subir una imagen, se nos era respondido con otra en su lugar. Vistas perturbadoras que nadie por voluntad propia se dispondría a contemplar. Todo cuanto tecleábamos aparecía en esa repulsiva fuente con la que estaban escritos los números, con su color que permanecía en negro, siempre, por más que intentáramos seleccionar de la paleta cualquier otro. Y las insistentes pesadillas. Eran las experiencias más aberrantes y desgarradoras que hayamos advertido.
Pero no sólo eso, solíamos escuchar un terrible chillido, que más de una vez me pareció entender que decía “one”. Acompañado de la constante, persistente frase: Just a Warning.
Cuando se nos denegó acceso completo a la página y una imagen apareció salvajemente en la pantalla; una delgada línea como un haz de luz en vertical, y un gran 10 rojo a su lado, sólo pudimos suponer lo peor.
Todo el maldito juego, una vez más, desde el comienzo.
Recuerdo que cruzamos las miradas resignados. Nos alejamos de la pantalla y sentamos en la cama, siempre con vista al computador. Y nos quedamos allí, observando…, observando la imagen. Imagen que parecía moverse.
Transcurrido alrededor de una hora el haz de luz se había hecho notoriamente más grande. Justo en ese momento, el 10 cambió tan abruptamente que la ilusión del 10 quedó grabada en nuestros ojos varios segundos, antes de que nos percatáramos de que sobre la pantalla se enseñaba un 9 morbosamente en rojo. Entonces pudimos distinguir que no era sólo un haz de luz. Era una puerta, que se estaba abriendo.
Fue justamente en el 8, una hora después exactamente, que nos dimos cuenta de la molesta melodía que sonaba detrás. Una horrible sensación nos llegó de tener la columna congelada, o peor, hecha de hielo. Causándonos esa sensación de sosiego, temiendo que el frágil hielo se quebrara de movernos.
Y transcurrían las horas, y con cada hora el número descendía aritméticamente. Hasta el 4 cesó el movimiento y la puerta quedó completamente abierta. Comenzamos a ver una silueta que aparecía; el sólo hecho de verla me erizó los pelos de todo el cuerpo. Se acercaba a paso lento, bastante lento.
Para este punto estábamos demasiado cansados, y vaya, hasta aburridos. Me recosté y conseguí dormir algo, dejando a mis dos amigos que se rehusaban a apartar la vista de la pantalla. No sé la verdad cómo logré conciliar el sueño en ese momento. Incluso soñé, nada tan exagerado, ni con mucho sentido, como usualmente se espera en mis sueños; pero me relajé por esas tres horas hasta que cayera el 1 anunciado por un espantoso grito que casi me tira de la cama. En el monitor había un rostro pálido y con los ojos vacíos, una boca abierta y profunda. Dejaba ver su roída mano con el índice levantado, en señal de silencio; o así fue como lo comprendí.
Dejó salir un gemido rasposo del que pude distinguir claramente “one”. Uno de mis amigos entró en llanto, y no hizo más que inquietarme.
Y entonces la energía se fue súbitamente, en toda la cuadra. Creo que si hubiera estado solo en mi casa en esa situación, no podría haberlo soportado. Hubiera gritado, hubiera gritado hasta que el desgarro de mis cuerdas vocales lograra saciar mi sed de calor, de algo en lo que aferrarme; hubiera gritado hasta que el dolor de desangrarme la garganta opacara el terror que estaba sintiendo.
La música regresó, su voz… Pero la energía seguía ausente.
Estaba en la habitación.
No tardamos mucho en ubicarlo a unos pasos de la puerta mirándonos fijamente, sonriendo con malicia. Pronunció unas palabras en inglés, en lo que parecía ser un dialecto bastante antiguo, que con dificultad logramos captar. Pero tal y como los discípulos de Jesús pudieron entenderse entre ellos aquella noche de la llegada del Espíritu Santo, aunque no hablaban la misma lengua, pudimos nosotros comprender sus palabras:
“Sólo fue una advertencia, pero continuaron persistiendo…”
Esa cosa se nos acercó y susurró suavemente a mi oído…
“Zero”.
El terror me cerró los pulmones haciéndome casi imposible respirar. Por una hora entera permanecí inerte ante sus violentos gritos, a su presencia, a las alucinaciones que nos obligaba ver. No sé muy bien dónde nos ha llevado, pero estoy seguro que no seguimos en mi habitación. Y ha comenzado a contar, una vez más, desde el 10 hacia abajo.
Se me nubla la vista.
4…
Mi pulso disminuye.
3…
Me recuesto en este frío suelo, incapaz de seguir en pie.
2…
Pierdo lentamente el conocimiento.
1…
Y dejo de respirar…
FINAL DE LA LÍNEA
Mi nombre es Andrew Erics. Viví, alguna vez, en una ciudad llamada Nueva York. Mi madre es Terrie Erics. Si alguna vez vas a la ciudad, y lees esto, por favor, encuéntrala. Ella está en el libro amarillo. no le muestres esto, pero dile que la amo, y trato de volver con ella. Por favor.
Todo empezó cuando decidí, al cumplir 25, que era tiempo para dejar de llevar la mochila donde cargaba mis libros para ir a trabajar. Me haría lucir más maduro, pensaba. Por supuesto que eso significaría también que tendría que dejar de leer en el metro durante las mañanas y tardes. Un portafolio hubiera parecido un poco raro debido a que trabajaba en una fábrica, y un bolso de mensajería se hubiera visto, no lo sé, raro a mi gusto.
Tenía un reproductor de mp3, el cual me ayudaba a pasar el tiempo por un rato, pero se descompuso después de un tiempo. Así que cada mañana, me sentaba en el metro por medias horas que se me hacían eternas, con nada que hacer más que ver pasajeros subir y bajar del metro. Era bastante tímido, y no me gustaba que me miraran, así que siempre la buscaba la manera de taparme estando en público.
Rápidamente me percaté de que no era la única persona que se sentía poco confortable en público; Me di cuenta que había personas que se cubrían de distintas maneras, pero aprendí a distinguirlos de distintas maneras. Estaban los nerviosos que no podían estar cómodos de ninguna manera, moviendo sus manos, cambiando su posición, y mirando para todos lados. Después de ellos, estaban los falsos-dormilones, los cuales normalmente corren a su asiento y cierran los ojos inmediatamente. La mayoría no dormía sin embargo. Los que realmente se quedaban dormidos se movían menos y generalmente se despertaban de repente cuando el tren llegaba a su estación. Por ultimo estaban los adictos al mp3, los ocasionales usuarios de laps o tablets y los que venían en grupos y hablaban muy fuerte. Eso sin contar los adictos al celular que parecían no poder cerrar la boca por menos de 2 minutos.
El observar gente era horriblemente aburrido. Hasta que encontré mi primera incongruencia. Un hombre de edad media con cabello café de tamaño y peso promedio, el cual se vestía de manera muy casual. Lo extraño en él, es que parecía quizá, demasiado normal. No tenía ninguna característica remarcable, ningún manierismo, como si estuviera designado para desvanecerse en la multitud. Eso fue lo que hizo fijarme en él. Yo trataba de ver de manera intencional, como era que la gente actuaba en el metro. Y el no actuaba para nada. No reaccionaba para anda. Era como ver a alguien sentado frente a la TV, viendo un documentario de peces; No estaba excitado, ni involucrado, pero tampoco miraba a otro lado. Presente pero distante.
Él siempre estaba en el metro por las tardes. Llevaba más de un mes con mi experimento de observación a la gente, antes de que lo notara, porque no tomaba el mismo metro cada día, y nunca me sentaba en el mismo vagón de manera consiente. La primera vez que lo vi fue un lunes, me parece, y la segunda, fue el jueves de la misma semana. El obviamente tomo el mismo tren, y se sentó en el mismo lugar -incluso en el mismo asiento-. Como me llamo tanto la atención la primera vez, le preste más atención la siguiente. Francamente, él era perturbador. Se sentaba allí, sin hacer nada, sin cambiar su expresión, con la cabeza derecha, sin importar lo que pasara. Recuerdo a una mujer con un niño llorón que se sentó detrás de él, y aun así, nada. El no movió su cabeza, ni cambio su gesto en molestia. Él es niño era jodidamente molesto!
Para cuando él llegaba yo a mi parada, me sentía con náusea, y mis manos temblaban como si tuviera un ataque de nicotina. Algo acerca de ese hombre estaba “mal”. Él era, pensaba, una especie de freak. Un sociópata quizá, uno de esos tipos callados que guardan docenas de cabezas de mujeres en un refrigerador, con su madre como primera víctima.
Por un tiempo, me dedique a holgazanear de manera intencional después del trabajo. Me paraba en los centros comerciales y kioscos cerca del metro sin intenciones de comprar nada. Por un par de semanas, evadí tomar el metro a esa hora, y siempre que me encontraba en la parada, titubeaba para entrar en él. Me asegure de siempre tomar el carro más lejano del cual había visto al hombre.
Entonces, una mañana, vi a otra persona que alarmo las campanas de emergencia de mi cabeza. Una mujer, que lucía tan simple, tan fuera de lugar, y tan ignorante de la conmoción de su alrededor. Me di cuenta entonces, que reconocí a la mujer en el momento en el que mi obsesión de mirar a las personas empezó nuevamente, debido al aburrimiento. Lo más grave, es que este hobby de observar a las personas se había vuelto una especie de religión para mí; Me di cuenta que no podía entrar al metro o a un autobús sin examinar a todos, llenando listas mentales en mi cabeza: Colores sólidos y simples, no usaba bolsa, pulseras o accesorios. No miraba casualmente a las ventanas o hacia otros pasajeros. Empecé a llamarlos los extraños.
No los veía a diario, ni cuando empecé a utilizar el metro aun cuando no lo necesitaba. Pero estaban allí, de manera constante. Ver uno de ellos hacia que la mandíbula se me trabara, mis palmas sudaran y que mi garganta se secara. Si alguna vez has dado un discurso en público, sabes cuál es la sensación.
Ellos no me prestaban el más mínimo de atención, a pesar de que sentía que estaba en display para ellos. Como era posible que ellos no me notaran?
No me notaban, al menos no de una manera que yo pudiera sentir. Eventualmente, mi curiosidad supero a mi miedo, y decidí seguir a uno. Elegí al primero que encontré, el hombre del tren de la tarde que siempre se sentaba en el mismo lugar. Tome un asiento, y me senté detrás de él. Llegando casi al final de la línea, él se levantó y camino antes que yo. Manteniendo distancia entre nosotros, lo seguí, pero el no llego muy lejos. Se sentó en una banca cercana, tan poco expresivo como siempre. Así que me puse detrás de una esquina y espere, tratando de parecer indiferente. Después de unos minutos, llego el siguiente metro lo vi tomarlo, sentados en el mismo asiento. No tuve el valor para seguirlo otra vez.
Simplemente tomo el metro al final de la línea y ya! Y luego qué? Se fue de regreso? Porque haría eso? Me preguntaba durante el camino a mi casa y mientras trataba de dormir. No podía dejar esto así, no hasta saber un poco que estaba pasando. Me sentía más que confundido: Estaba realmente enojado! Porque este extraño tipo sacado del valle desconocido tomaba el tren de ida y regreso sin ir a ningún lado?! Recuerdo leer en algún lado que la mente rechaza ciertas cosas simplemente porque son agravantes; Por ejemplo, las arañas perturban a muchas personas, especialmente las grandes… Lucen simplemente extrañas, alíen para nosotros. Ese era el efecto de los extraños en mí. Ofendían a mis sentidos!
Lo seguí nuevamente el día siguiente. Y otra vez el día siguiente. Todos los días por al menos una semana; Los dos hacíamos nuestros viajes silenciosos juntos. Para el fin de semana, lo seguía por horas hasta que el último tren se detenía cerca de mi departamento. Nos movíamos de un lado de la ciudad al otro, y de regreso. Ya no miraba a las personas. No tenía ojos para nadie más , aunque si notaba algunas miradas confusas hacia mí. Fuera de eso, nosotros podríamos ser las únicas personas del planeta por lo que me importaba.
Perdí mi trabajo la siguiente semana. Mi jefe fue amable, tímido pero firme. No me concentraba. No tenía enfoque. No estaba siendo productivo. Fue de hecho, un gran discurso, me parece, pero apenas podía oírlo. Solo podía pensar en mi “Trabajo” nuevo, mi vigía… Que es lo que hacia ese hombre, esa cosa en el metro cuando no estaba yo para observarlo? Deje el trabajo por última vez casi al anochecer ese día. Desearía haber prestado más atención aquel día. Estaba soleado? Era verano? Pude haber tomado un helado y cappuccino, o ver a algunas chicas bonitas para sacar esa obsesión de mi cabeza. O quizás encontrar un nuevo trabajo y esta vez, dedicarme a leer en los trenes y autobuses.
En lugar de eso, espere. Espere en la estación hasta que lo vi en una ventana. Me subí al vagón del tren y note por primera vez que mi piel no estaba pegajosa, ni mis manos húmedas ni mi corazón latía fuertemente. Por primera vez, me senté justo frente a él, directamente en su línea de visión. Espera por un cambio en sus gestos. Acaso me reconocería? Si lo hizo, no vi señales de ello realmente me fijaba en él. Me imagino la pareja que hacíamos, sentados uno frente al otro mirándonos fijamente. No iba a permitir expresar mi furia interna , pero realmente me esforcé en permanecer tan inmóvil e inexpresivo como él. Pero por dentro, le gritaba. “Reacciona maldito imbécil! Mírame carajo, quiero saber que eres!”
No lo hice, y mis demandas silenciosas no fueron respondidas, no en la primera vuelta, o la segunda, o la tercera, ni en la décima. Viajamos mucho esa noche juntos, y en cada terminal, nos bajábamos y esperamos. me sentaba a su lado en la banca, observándolo desde la esquina de mi ojo, y aun así, no obtuve nada de él. Pero dos pueden jugar ese jueguito.
Finalmente, realizamos nuestro último viaje juntos. Lo tenía, y lo sabía. En el último viaje de los trenes en la noche antes de que estos dejaran de correr. Siempre lo dejaba ir a partir de este punto, porque la terminal representa un largo camino a mi casa, y los autobuses dejan de operar casi al mismo tiempo que el metro. Pero esta vez, lo seguí, para finalmente saber que hacia cuando los trenes dejaban de funcionar. finalmente obtendría respuestas… Quizá.
El tren se detuvo, y la anticipación crecía en mí. El vagón se vaciaba alrededor nuestro lentamente, hasta que solo quedamos los dos observadores silenciosos. Luche internamente por mantener una sonrisa maniática.
El extraño no se movió, seguía sin reaccionar. El carro permanecía inmóvil, con las puertas abierta. Se escuchó el aviso de que habíamos llegado al final de la línea, y que todos tenemos que desalojar el metro. El extraño seguía sin moverse. Finalmente, escuche unos pasos, un conductor o alguien, asomándose para asegurarse que nadie se quedaría en los vagones antes de llevar el tren a donde quiera que lleven los trenes en la noche. Aun así, no quite la mirada de mi acompañante silencioso.
Logre ver al conductor desde la esquina de mi ojo cuando finalmente llego a nuestro vagón. Se asomó, puso sus ojos en nosotros, y puso un gesto de extrañeza en su cara. Parpadeo un par de veces. Espere a que el hablara en el momento que se acercó, pero con una ligera negación en su cabeza, nos dejó. Había un vagón más después del nuestro, y escuche que lo reviso, y unos minutos después, el tren se empezó a mover nuevamente. Avanzamos por un rato, después dio una vuelta, y el tren se detuvo en su aparcamiento. Pude ver a re ojo los demás trenes a lado nuestro.
Y entonces, me sonrió. Fue muy ligero, que hubiera pasado desapercibido, si no hubiese estudiado su cara. “Así que”, me dijo en un áspero tono, “Hemos llegado”.
Trate de responderle, pero no pude hacerlo. Mi garganta se secó. Me llene de terror. Sentí que la caverna subterránea en la que estábamos, se había derrumbado sobre de mi de repente. tosí, y finalmente, con una vos rasposa, le pregunte lo que me había mantenido despierto y me había llevado casi a la locura, y me atrajo a este momento. “Que eres tu?”
Me ignoro. Se levantó y las puertas del tren se abrieron. Entonces, de manera sorpresiva, me se volteo para mirarme diciéndome, “Vienes?” no espero mi respuesta y camino en la plataforma. Temblando, y tropezándome, lo seguí. “Carajo, vamos, háblame, que eres?! Porque viajas en el metro todo el maldito día?!”. No me miro siquiera, ni detuvo su paso. No podía ver su cara, pero me es fácil adivinar que no reacciono en lo absoluto. Lo seguí por un rato, gritándole todavía por un rato, pero eventualmente me rendí.
Caminando en la plataforma hasta que llegamos a un cruce. estábamos ahora perpendiculares a los trenes a nuestro alrededor. El camino estaba iluminado desde arriba, pero no podía ver donde terminaba. Parecía haber demás iodos trenes como para servir a la ciudad. Pero no me importaba, mi atención estaba en el extraño.
No estoy seguro de cuánto tiempo caminamos. el extraño de repente se detenía para mirar un vagón por un par de minutos, para después seguir su camino. Me tomo un rato entender el porqué, pero eventualmente vi que no todos eran iguales. Largas líneas de ellos lucían similares, pero a veces notaba un modelo diferente. A veces eran un poco más chicos o más grandes o a veces eran de un modelo un poco diferente. Incluso las cabinas de los conductores eran superficialmente diferentes también. No sabía exactamente que estaba buscando el extraño, porque después de una vuelta, las puertas de un vagón se abrieron frente a nosotros. Entramos y tomamos nuestros asientos.
“Estas dispuesto a hablar ahora?”, le pregunte. No hubo respuesta. Suspire de frustración y realmente empecé a pensar en darle un golpe en la cara, cuando de repente, las luces del tren se encendieron, y el motor se encendió nuevamente. “Qué carajo..?”
Me miro de una manera casi triste. “No podrás regresar”.
“De que me estás hablando? Regresar a dónde? No me respondió. De repente, el tren se puso en movimiento en dirección contraria de dónde venimos. Al menos, eso creo. Lo mire, y note que su Mirada vagabunda se hacía cada vez más aguda, y por primera vez, tuve la sensación de que me miraba.
“Calla, mantente en silencio. No llames su atención”.
El tren se detuvo, y las puertas se abrieron, y entonces, ellos entraron como una ola. No sé qué fue lo primero que note –Los extraños ropajes, los brazos demasiado largos, cuyas manos casi se arrastraban por el piso, los ojos completamente negros, o su piel azuleada. Mi cerebro tardo mucho en procesar lo que mis ojos veían, pero cuando finalmente lo hizo, sentí que mi Corazón estallaría. Diablos, creí que yo estallaría por completo. Mis instintos me gritaban –Quédate quieto! No te muevas, no llames su atención!!!”
Viajamos en el vagón del metro quietos y sin expresión por horas, por días quizá. Parecía más larga de la línea que conocía, la línea por la cual seguí al extraño. Esas cosas horribles a nuestro alrededor parecían no prestarnos atención. Estaba tan petrificado, tan asustado, que cuando finalmente regresamos a la caverna con trenes, colapse en lágrimas , con el extraño mirándome impacientemente.
Cuando gane control de mí mismo, lo mire y le implore, “Llévame a casa… Por favor…”.
“No puedo” –replico-. “No sé cuál de estos te llevara de regreso, si alguno puede hacerlo”. Se paró y salió del vagón, y entonces lo seguí. Volteo de repente exclamándome ¨Creo que me has seguido suficiente!”
La furia que tenía antes con él, la que se disipo por el miedo, regreso nuevamente. “Que?” le grite, acercándome. Lo tome por lo hombros, y con una fuerza que no sabía que estaba en mí, lo empuje en contra de uno de los vagones. “Maldito hijo de puta, que carajos me hiciste?!”. Lo azote una y otra vez. “Llévame de regreso!” Él se quedaba mirándome pasivamente mientras mi furia me dejaba vacío. “Por favor, por favor llévame a casa”.
“Así no funciona. Si estamos juntos, es más probable que nos noten. Vete. Quédate quieto y se sutil, y ellos creerán que eres uno de ellos”.
“Como me pudiste hacer esto, porque?!”
Me miro casi tristemente. “Tenía que hacerlo. Tú lo harás también. Quedaras… atorado algunas veces”. Se quitó mis manos de mis hombros, y se alejó de mí. Me puse de rodillas, después de perder mi fuerza repentinamente, y lo vi alejarse. “Lo siento”. Y entonces, se había ido.
Trate de encontrar el camino por el que había iniciado, encontrar un tren que reconociera, pero no estaba ya seguro de a dónde iba. Finalmente, encontré un tren que parecía vagamente familiar. O al menos estaba tan desesperado que eso quería creer. Cuando me acerque a la puerta, esta se abrió para mí y tome asiento. El metro se movió, y a pesar de ser un ateo de toda la vida, ore por encontrar la salida. El tren se detuvo, y por un momento pensé que estaba salvado. Gente! Seres humanos! Debo ser el hombre más afortunado del mundo!
Entonces note los ojos. Específicamente, el gran tercer ojo al centro de sus frentes. “Bien al Diablo contigo, Dios”, pensé.
Su tercer ojo parpadeaba independientemente de los otros dos, lo cual encontré nauseabundo. Y cuando uno de ellos sonrió, note que sus dientes eran filosos y con chuecos, y verde-amarillo por la suciedad. Pero aun así fui cuidadoso y selectivamente ciego.
Entonces note que no había ni comido ni tomado liquido por horas, quizá días, y sentía que necesitaba comer algo.
En la siguiente terminal, decidí tratar de encontrar algo que comer y beber. No sé porque espere, pero me pareció importante – Llegar al final de la línea. Cuando llegue allí, me costó mucho salir del vago; Nunca había visto al extraño salir de bajo tierra; Nunca lo había visto ni comer ni beber. Sin embargo, mi estómago no tomaría un no como respuesta. Trate de poner mi cara lo más neutral posible y salí de la estación.
Estaba enojado, perdido, hambriento y abandonado a un destino que si no fuese pero que el infierno, era dos veces más estúpido y con tres veces menos sentido. No estaba en mi mejor estado mental. Normalmente trataba de dar vueltas amplias en las esquinas para evitar chocar con alguien o algo. Continúe en la obscuridad por un buen rato hasta llegar a una pequeña abertura en la pared. Hambriento y desesperado, me senté en la pared, con mis piernas totalmente recogidas, imaginándome a mi golpeado al maldito extraño con un martillo hasta la muerte. Era una imagen aliviadora.
Una rata estaba merodeando cerca en la obscuridad. Normalmente, la hubiera pateado para espantarla, pero ahora no me moleste ni por eso. Rabia o lo que sea sería una bendición comparado a viajar por subterráneos de mundos desconocidos, solo y perdido. Cuando se me acerco, no la espante, aun cuando se pegó a mi pierna, no me importo. No hasta que un tren paso, y la luz de los vagones iluminaron el lugar en el que yo estaba, y la cosa que yo creí, era una rata.
Parecía una rata, sí, pero con facciones arácnidas. Como si alguien las hubiera cruzado, resultando en la horrible abominación que husmeaba por mi pierna. Me pare rápidamente, y la patee como un balón de soccer, al lado opuesto de la pared, y la mire retorcerse hasta que el tren paso regresando la obscuridad.
Y en la obscuridad, me llegó un horrible pensamiento; Me pregunto si se podrá comer esa cosa. Me asqueaba el imaginármelo, pero estaba hambriento. Y no había garantía de que encontraría comida en este lugar, o en algún otro momento. La cosa esa era mi única opción. Me mantuve tanto como pude, pero creo que mis instintos de supervivencia triunfaron sobre mi asco. Tenía mi encendedor, pero nada conque encender un fuego. Tome un poco de carne de su cascaron, y la cocine un poco con el encendedor, pero no ayudo mucho. Nada hubiera podido. La carne era fétida, más fétida de lo que puedes imaginarte. He comido muchas cosas cuestionables en mi vida, pero nada tan asqueroso, como la carne de esa cosa.
En retrospectiva, Fue ese momento en el que me convertí en un extraño. Antes, me costaba mantenerme sin expresiones como los otros. Destazar y comer una creatura casi alíen en la obscuridad, bajo un mundo extraño, alienígeno, fue cuando perdí toda la cordura. Para cuando deje la obscuridad, y regrese al túnel, estaba tan falto de expresiones y vacío por dentro como el primer extraño que había visto.
Eso no fue lo peor sin embargo. Lo peor vino después, la primera vez que me atasque. El extraño la había mencionado, pero en el estado que estaba, casi no lo note, Una noche, al final de la línea, s eme pidió abandonar el tren en un mundo casi parecido al mundo normal. Le gente allí era casi humana, por lo que podía reconocer. Eran anaranjados y jorobados, seguro, pero fuera de eso, eran prácticamente “normales” –En el “mundo” que había visitado anteriormente, habitaban creaturas gordas con seis pechos sin nariz, así que los tipos anaranjados lucían bastante hermosos para mí-.
Al principio pensé que el conductor le hablaba a alguien más , pero yo era el único en el vagón. Y además, le entendí. Cuando me pare, me di cuenta de porque no me podía parar derecho: Tenia una joroba, y vi mi reflejo que tenía la piel naranja. Entonces me di cuenta de todo. Atorado significaba, estar atrapado en este mundo. Sería útil de no ser porque es posible dejar la “estación”, pero al momento de poner un pie fuera de ella, te das cuenta de los nauseabundo que es para ti un mundo alienígena. Tu cerebro hace comparaciones y trata de establecer normalidad, lo que te pone demasiado nauseabundo.
No podía ni quería quedarme en ese lugar. Solo quería una de dos cosas: Encontrar mi hogar, o encontrar al extraño que me puso en este camino, y patearle el trasero. Nada más me daría alivio.
Algunas veces me pregunte si podía hacer yo que algún pobre bastardo me siguiera en este inframundo por la eternidad… Si podría atraerlo de alguna manera… Resulta que no tenía que hacerlo. Después de unos meses, uno de ellos, me noto, y si, comenzó a seguirme por semanas. De manera cuidadosa, hice los posible por parecer que no lo había visto, justo como el extraño había hecho conmigo. Pero estaba indeciso entre el deseo de advertirle o de traerlo al final de la línea para dejar este inframundo de una vez por todas.
La última noche, el me siguió al final de la línea, justo como yo lo había hecho alguna vez. No tuvo el valor de sentarse frente a mí, sin embargo. Cuando el tren se detuvo, el huyo rápidamente. Deje el vagón, y el tren se fue sin mí, mientras yo maldecía en mi interior. Mientras caminaba hacia los túneles, el joven que me había estado siguiendo, me ataco. Tenía un cuchillo curveado y me tomo absolutamente de sorpresa. Pero ya había viajado por mundos hostiles por anios, así que mis reflejos eran muy agudos.
Peleamos viciosamente, hasta que pude hacer que soltara el cuchillo, el cual tome, y accidentalmente hundí en su cuello. No quería matarlo, ni siquiera estaba enojado. Mientras el yacía en el suelo, desangrándose, me enoje mucho. Lo patee repetidas veces mientras le gritaba, “Idiota, se supone que debías seguirme!”. Hui de la escena del crimen, pero no por mucho; era temprano, y podía tomar el primer tren. Así que tome el primer tren, una vez más al final de la línea, a la “central”. Era invisible para el conductor una vez más . Supuse entonces que, para llegar a la “central”, debes de llevar a uno, o matarlo.
Era invisible otra vez, pero también era naranja y jorobado, hasta la siguiente vez que me quede atorado. Esta siguiente vez, mate nuevamente. Ese otro cayo mucho más rápido. No quería que ella me siguiera. Una vez que me reconoció ella como un extraño, yo la reconocí como la “próxima” y tome mi decisión. No voy a atraer a nadie a esto.
Me Pregunto ahora del extraño que me introdujo a esto. Como lucia originalmente, y si sabía que podía matarme. Me pregunto también de los otros que vi antes, y de las raras ocasiones que me topé con otros extraños en mis viajes en el inframundo. Matan o los atraen? E independientemente de lo que eligen, lo consideran piedad? No me atrevo a hablar con ellos. Estamos condenados de todas maneras, y los condenados debemos sufrir en soledad.
He matado ya a 15, y me he hecho muy bueno en ello. Pero he tomado una decisión. No matare más – inocentes, al menos -. Antes de llegar a la “centra;” por primera vez, llene mi mochila con tanto papel como pude, y escribí esta historia, cientos de veces, dejándolos en botellas en las estaciones. Esta es una advertencia y una petición.
Mi petición, como ya dije, es la de encontrar a mi madre un mentira. Una mentira blanca. Dile a mi mama que la amo, y que intento regresar a casa. Quizá le dé un poco de esperanza, o un poco de paz. Ojala fuera verdad. Pero esta es la cosa: Me he visto a mí mismo como Odiseo, tratando de regresar a casa, aunque perdido y sin rumbo. Perdido en túneles interminables, como un laberinto. Pero con una diferencia: Un laberinto es diseñado, construido. Alguien o algo creo este lugar imposible. Me reclutaron como a Teseo, pero no voy a jugar ese papel. Sus extrañas reglas me convirtieron en un monstruo, así que seré el minotauro de este laberinto. Y si puedo, destruiré todo lo que está a mi alrededor, y destruiré a lo que hicieron este lugar. Los hare responsables de esto.
Mi advertencia es que debes de tener mucho cuidado en lugares públicos, de las personas silenciosas e inexpresivas. Hombres o mujeres. Pueden matarte. O pueden hacerte algo peor. Si los ves, aléjate, huye rápidamente. Pero más importante: No tomes el metro al final de las líneas.
Todo empezó cuando decidí, al cumplir 25, que era tiempo para dejar de llevar la mochila donde cargaba mis libros para ir a trabajar. Me haría lucir más maduro, pensaba. Por supuesto que eso significaría también que tendría que dejar de leer en el metro durante las mañanas y tardes. Un portafolio hubiera parecido un poco raro debido a que trabajaba en una fábrica, y un bolso de mensajería se hubiera visto, no lo sé, raro a mi gusto.
Tenía un reproductor de mp3, el cual me ayudaba a pasar el tiempo por un rato, pero se descompuso después de un tiempo. Así que cada mañana, me sentaba en el metro por medias horas que se me hacían eternas, con nada que hacer más que ver pasajeros subir y bajar del metro. Era bastante tímido, y no me gustaba que me miraran, así que siempre la buscaba la manera de taparme estando en público.
Rápidamente me percaté de que no era la única persona que se sentía poco confortable en público; Me di cuenta que había personas que se cubrían de distintas maneras, pero aprendí a distinguirlos de distintas maneras. Estaban los nerviosos que no podían estar cómodos de ninguna manera, moviendo sus manos, cambiando su posición, y mirando para todos lados. Después de ellos, estaban los falsos-dormilones, los cuales normalmente corren a su asiento y cierran los ojos inmediatamente. La mayoría no dormía sin embargo. Los que realmente se quedaban dormidos se movían menos y generalmente se despertaban de repente cuando el tren llegaba a su estación. Por ultimo estaban los adictos al mp3, los ocasionales usuarios de laps o tablets y los que venían en grupos y hablaban muy fuerte. Eso sin contar los adictos al celular que parecían no poder cerrar la boca por menos de 2 minutos.
El observar gente era horriblemente aburrido. Hasta que encontré mi primera incongruencia. Un hombre de edad media con cabello café de tamaño y peso promedio, el cual se vestía de manera muy casual. Lo extraño en él, es que parecía quizá, demasiado normal. No tenía ninguna característica remarcable, ningún manierismo, como si estuviera designado para desvanecerse en la multitud. Eso fue lo que hizo fijarme en él. Yo trataba de ver de manera intencional, como era que la gente actuaba en el metro. Y el no actuaba para nada. No reaccionaba para anda. Era como ver a alguien sentado frente a la TV, viendo un documentario de peces; No estaba excitado, ni involucrado, pero tampoco miraba a otro lado. Presente pero distante.
Él siempre estaba en el metro por las tardes. Llevaba más de un mes con mi experimento de observación a la gente, antes de que lo notara, porque no tomaba el mismo metro cada día, y nunca me sentaba en el mismo vagón de manera consiente. La primera vez que lo vi fue un lunes, me parece, y la segunda, fue el jueves de la misma semana. El obviamente tomo el mismo tren, y se sentó en el mismo lugar -incluso en el mismo asiento-. Como me llamo tanto la atención la primera vez, le preste más atención la siguiente. Francamente, él era perturbador. Se sentaba allí, sin hacer nada, sin cambiar su expresión, con la cabeza derecha, sin importar lo que pasara. Recuerdo a una mujer con un niño llorón que se sentó detrás de él, y aun así, nada. El no movió su cabeza, ni cambio su gesto en molestia. Él es niño era jodidamente molesto!
Para cuando él llegaba yo a mi parada, me sentía con náusea, y mis manos temblaban como si tuviera un ataque de nicotina. Algo acerca de ese hombre estaba “mal”. Él era, pensaba, una especie de freak. Un sociópata quizá, uno de esos tipos callados que guardan docenas de cabezas de mujeres en un refrigerador, con su madre como primera víctima.
Por un tiempo, me dedique a holgazanear de manera intencional después del trabajo. Me paraba en los centros comerciales y kioscos cerca del metro sin intenciones de comprar nada. Por un par de semanas, evadí tomar el metro a esa hora, y siempre que me encontraba en la parada, titubeaba para entrar en él. Me asegure de siempre tomar el carro más lejano del cual había visto al hombre.
Entonces, una mañana, vi a otra persona que alarmo las campanas de emergencia de mi cabeza. Una mujer, que lucía tan simple, tan fuera de lugar, y tan ignorante de la conmoción de su alrededor. Me di cuenta entonces, que reconocí a la mujer en el momento en el que mi obsesión de mirar a las personas empezó nuevamente, debido al aburrimiento. Lo más grave, es que este hobby de observar a las personas se había vuelto una especie de religión para mí; Me di cuenta que no podía entrar al metro o a un autobús sin examinar a todos, llenando listas mentales en mi cabeza: Colores sólidos y simples, no usaba bolsa, pulseras o accesorios. No miraba casualmente a las ventanas o hacia otros pasajeros. Empecé a llamarlos los extraños.
No los veía a diario, ni cuando empecé a utilizar el metro aun cuando no lo necesitaba. Pero estaban allí, de manera constante. Ver uno de ellos hacia que la mandíbula se me trabara, mis palmas sudaran y que mi garganta se secara. Si alguna vez has dado un discurso en público, sabes cuál es la sensación.
Ellos no me prestaban el más mínimo de atención, a pesar de que sentía que estaba en display para ellos. Como era posible que ellos no me notaran?
No me notaban, al menos no de una manera que yo pudiera sentir. Eventualmente, mi curiosidad supero a mi miedo, y decidí seguir a uno. Elegí al primero que encontré, el hombre del tren de la tarde que siempre se sentaba en el mismo lugar. Tome un asiento, y me senté detrás de él. Llegando casi al final de la línea, él se levantó y camino antes que yo. Manteniendo distancia entre nosotros, lo seguí, pero el no llego muy lejos. Se sentó en una banca cercana, tan poco expresivo como siempre. Así que me puse detrás de una esquina y espere, tratando de parecer indiferente. Después de unos minutos, llego el siguiente metro lo vi tomarlo, sentados en el mismo asiento. No tuve el valor para seguirlo otra vez.
Simplemente tomo el metro al final de la línea y ya! Y luego qué? Se fue de regreso? Porque haría eso? Me preguntaba durante el camino a mi casa y mientras trataba de dormir. No podía dejar esto así, no hasta saber un poco que estaba pasando. Me sentía más que confundido: Estaba realmente enojado! Porque este extraño tipo sacado del valle desconocido tomaba el tren de ida y regreso sin ir a ningún lado?! Recuerdo leer en algún lado que la mente rechaza ciertas cosas simplemente porque son agravantes; Por ejemplo, las arañas perturban a muchas personas, especialmente las grandes… Lucen simplemente extrañas, alíen para nosotros. Ese era el efecto de los extraños en mí. Ofendían a mis sentidos!
Lo seguí nuevamente el día siguiente. Y otra vez el día siguiente. Todos los días por al menos una semana; Los dos hacíamos nuestros viajes silenciosos juntos. Para el fin de semana, lo seguía por horas hasta que el último tren se detenía cerca de mi departamento. Nos movíamos de un lado de la ciudad al otro, y de regreso. Ya no miraba a las personas. No tenía ojos para nadie más , aunque si notaba algunas miradas confusas hacia mí. Fuera de eso, nosotros podríamos ser las únicas personas del planeta por lo que me importaba.
Perdí mi trabajo la siguiente semana. Mi jefe fue amable, tímido pero firme. No me concentraba. No tenía enfoque. No estaba siendo productivo. Fue de hecho, un gran discurso, me parece, pero apenas podía oírlo. Solo podía pensar en mi “Trabajo” nuevo, mi vigía… Que es lo que hacia ese hombre, esa cosa en el metro cuando no estaba yo para observarlo? Deje el trabajo por última vez casi al anochecer ese día. Desearía haber prestado más atención aquel día. Estaba soleado? Era verano? Pude haber tomado un helado y cappuccino, o ver a algunas chicas bonitas para sacar esa obsesión de mi cabeza. O quizás encontrar un nuevo trabajo y esta vez, dedicarme a leer en los trenes y autobuses.
En lugar de eso, espere. Espere en la estación hasta que lo vi en una ventana. Me subí al vagón del tren y note por primera vez que mi piel no estaba pegajosa, ni mis manos húmedas ni mi corazón latía fuertemente. Por primera vez, me senté justo frente a él, directamente en su línea de visión. Espera por un cambio en sus gestos. Acaso me reconocería? Si lo hizo, no vi señales de ello realmente me fijaba en él. Me imagino la pareja que hacíamos, sentados uno frente al otro mirándonos fijamente. No iba a permitir expresar mi furia interna , pero realmente me esforcé en permanecer tan inmóvil e inexpresivo como él. Pero por dentro, le gritaba. “Reacciona maldito imbécil! Mírame carajo, quiero saber que eres!”
No lo hice, y mis demandas silenciosas no fueron respondidas, no en la primera vuelta, o la segunda, o la tercera, ni en la décima. Viajamos mucho esa noche juntos, y en cada terminal, nos bajábamos y esperamos. me sentaba a su lado en la banca, observándolo desde la esquina de mi ojo, y aun así, no obtuve nada de él. Pero dos pueden jugar ese jueguito.
Finalmente, realizamos nuestro último viaje juntos. Lo tenía, y lo sabía. En el último viaje de los trenes en la noche antes de que estos dejaran de correr. Siempre lo dejaba ir a partir de este punto, porque la terminal representa un largo camino a mi casa, y los autobuses dejan de operar casi al mismo tiempo que el metro. Pero esta vez, lo seguí, para finalmente saber que hacia cuando los trenes dejaban de funcionar. finalmente obtendría respuestas… Quizá.
El tren se detuvo, y la anticipación crecía en mí. El vagón se vaciaba alrededor nuestro lentamente, hasta que solo quedamos los dos observadores silenciosos. Luche internamente por mantener una sonrisa maniática.
El extraño no se movió, seguía sin reaccionar. El carro permanecía inmóvil, con las puertas abierta. Se escuchó el aviso de que habíamos llegado al final de la línea, y que todos tenemos que desalojar el metro. El extraño seguía sin moverse. Finalmente, escuche unos pasos, un conductor o alguien, asomándose para asegurarse que nadie se quedaría en los vagones antes de llevar el tren a donde quiera que lleven los trenes en la noche. Aun así, no quite la mirada de mi acompañante silencioso.
Logre ver al conductor desde la esquina de mi ojo cuando finalmente llego a nuestro vagón. Se asomó, puso sus ojos en nosotros, y puso un gesto de extrañeza en su cara. Parpadeo un par de veces. Espere a que el hablara en el momento que se acercó, pero con una ligera negación en su cabeza, nos dejó. Había un vagón más después del nuestro, y escuche que lo reviso, y unos minutos después, el tren se empezó a mover nuevamente. Avanzamos por un rato, después dio una vuelta, y el tren se detuvo en su aparcamiento. Pude ver a re ojo los demás trenes a lado nuestro.
Y entonces, me sonrió. Fue muy ligero, que hubiera pasado desapercibido, si no hubiese estudiado su cara. “Así que”, me dijo en un áspero tono, “Hemos llegado”.
Trate de responderle, pero no pude hacerlo. Mi garganta se secó. Me llene de terror. Sentí que la caverna subterránea en la que estábamos, se había derrumbado sobre de mi de repente. tosí, y finalmente, con una vos rasposa, le pregunte lo que me había mantenido despierto y me había llevado casi a la locura, y me atrajo a este momento. “Que eres tu?”
Me ignoro. Se levantó y las puertas del tren se abrieron. Entonces, de manera sorpresiva, me se volteo para mirarme diciéndome, “Vienes?” no espero mi respuesta y camino en la plataforma. Temblando, y tropezándome, lo seguí. “Carajo, vamos, háblame, que eres?! Porque viajas en el metro todo el maldito día?!”. No me miro siquiera, ni detuvo su paso. No podía ver su cara, pero me es fácil adivinar que no reacciono en lo absoluto. Lo seguí por un rato, gritándole todavía por un rato, pero eventualmente me rendí.
Caminando en la plataforma hasta que llegamos a un cruce. estábamos ahora perpendiculares a los trenes a nuestro alrededor. El camino estaba iluminado desde arriba, pero no podía ver donde terminaba. Parecía haber demás iodos trenes como para servir a la ciudad. Pero no me importaba, mi atención estaba en el extraño.
No estoy seguro de cuánto tiempo caminamos. el extraño de repente se detenía para mirar un vagón por un par de minutos, para después seguir su camino. Me tomo un rato entender el porqué, pero eventualmente vi que no todos eran iguales. Largas líneas de ellos lucían similares, pero a veces notaba un modelo diferente. A veces eran un poco más chicos o más grandes o a veces eran de un modelo un poco diferente. Incluso las cabinas de los conductores eran superficialmente diferentes también. No sabía exactamente que estaba buscando el extraño, porque después de una vuelta, las puertas de un vagón se abrieron frente a nosotros. Entramos y tomamos nuestros asientos.
“Estas dispuesto a hablar ahora?”, le pregunte. No hubo respuesta. Suspire de frustración y realmente empecé a pensar en darle un golpe en la cara, cuando de repente, las luces del tren se encendieron, y el motor se encendió nuevamente. “Qué carajo..?”
Me miro de una manera casi triste. “No podrás regresar”.
“De que me estás hablando? Regresar a dónde? No me respondió. De repente, el tren se puso en movimiento en dirección contraria de dónde venimos. Al menos, eso creo. Lo mire, y note que su Mirada vagabunda se hacía cada vez más aguda, y por primera vez, tuve la sensación de que me miraba.
“Calla, mantente en silencio. No llames su atención”.
El tren se detuvo, y las puertas se abrieron, y entonces, ellos entraron como una ola. No sé qué fue lo primero que note –Los extraños ropajes, los brazos demasiado largos, cuyas manos casi se arrastraban por el piso, los ojos completamente negros, o su piel azuleada. Mi cerebro tardo mucho en procesar lo que mis ojos veían, pero cuando finalmente lo hizo, sentí que mi Corazón estallaría. Diablos, creí que yo estallaría por completo. Mis instintos me gritaban –Quédate quieto! No te muevas, no llames su atención!!!”
Viajamos en el vagón del metro quietos y sin expresión por horas, por días quizá. Parecía más larga de la línea que conocía, la línea por la cual seguí al extraño. Esas cosas horribles a nuestro alrededor parecían no prestarnos atención. Estaba tan petrificado, tan asustado, que cuando finalmente regresamos a la caverna con trenes, colapse en lágrimas , con el extraño mirándome impacientemente.
Cuando gane control de mí mismo, lo mire y le implore, “Llévame a casa… Por favor…”.
“No puedo” –replico-. “No sé cuál de estos te llevara de regreso, si alguno puede hacerlo”. Se paró y salió del vagón, y entonces lo seguí. Volteo de repente exclamándome ¨Creo que me has seguido suficiente!”
La furia que tenía antes con él, la que se disipo por el miedo, regreso nuevamente. “Que?” le grite, acercándome. Lo tome por lo hombros, y con una fuerza que no sabía que estaba en mí, lo empuje en contra de uno de los vagones. “Maldito hijo de puta, que carajos me hiciste?!”. Lo azote una y otra vez. “Llévame de regreso!” Él se quedaba mirándome pasivamente mientras mi furia me dejaba vacío. “Por favor, por favor llévame a casa”.
“Así no funciona. Si estamos juntos, es más probable que nos noten. Vete. Quédate quieto y se sutil, y ellos creerán que eres uno de ellos”.
“Como me pudiste hacer esto, porque?!”
Me miro casi tristemente. “Tenía que hacerlo. Tú lo harás también. Quedaras… atorado algunas veces”. Se quitó mis manos de mis hombros, y se alejó de mí. Me puse de rodillas, después de perder mi fuerza repentinamente, y lo vi alejarse. “Lo siento”. Y entonces, se había ido.
Trate de encontrar el camino por el que había iniciado, encontrar un tren que reconociera, pero no estaba ya seguro de a dónde iba. Finalmente, encontré un tren que parecía vagamente familiar. O al menos estaba tan desesperado que eso quería creer. Cuando me acerque a la puerta, esta se abrió para mí y tome asiento. El metro se movió, y a pesar de ser un ateo de toda la vida, ore por encontrar la salida. El tren se detuvo, y por un momento pensé que estaba salvado. Gente! Seres humanos! Debo ser el hombre más afortunado del mundo!
Entonces note los ojos. Específicamente, el gran tercer ojo al centro de sus frentes. “Bien al Diablo contigo, Dios”, pensé.
Su tercer ojo parpadeaba independientemente de los otros dos, lo cual encontré nauseabundo. Y cuando uno de ellos sonrió, note que sus dientes eran filosos y con chuecos, y verde-amarillo por la suciedad. Pero aun así fui cuidadoso y selectivamente ciego.
Entonces note que no había ni comido ni tomado liquido por horas, quizá días, y sentía que necesitaba comer algo.
En la siguiente terminal, decidí tratar de encontrar algo que comer y beber. No sé porque espere, pero me pareció importante – Llegar al final de la línea. Cuando llegue allí, me costó mucho salir del vago; Nunca había visto al extraño salir de bajo tierra; Nunca lo había visto ni comer ni beber. Sin embargo, mi estómago no tomaría un no como respuesta. Trate de poner mi cara lo más neutral posible y salí de la estación.
Estaba enojado, perdido, hambriento y abandonado a un destino que si no fuese pero que el infierno, era dos veces más estúpido y con tres veces menos sentido. No estaba en mi mejor estado mental. Normalmente trataba de dar vueltas amplias en las esquinas para evitar chocar con alguien o algo. Continúe en la obscuridad por un buen rato hasta llegar a una pequeña abertura en la pared. Hambriento y desesperado, me senté en la pared, con mis piernas totalmente recogidas, imaginándome a mi golpeado al maldito extraño con un martillo hasta la muerte. Era una imagen aliviadora.
Una rata estaba merodeando cerca en la obscuridad. Normalmente, la hubiera pateado para espantarla, pero ahora no me moleste ni por eso. Rabia o lo que sea sería una bendición comparado a viajar por subterráneos de mundos desconocidos, solo y perdido. Cuando se me acerco, no la espante, aun cuando se pegó a mi pierna, no me importo. No hasta que un tren paso, y la luz de los vagones iluminaron el lugar en el que yo estaba, y la cosa que yo creí, era una rata.
Parecía una rata, sí, pero con facciones arácnidas. Como si alguien las hubiera cruzado, resultando en la horrible abominación que husmeaba por mi pierna. Me pare rápidamente, y la patee como un balón de soccer, al lado opuesto de la pared, y la mire retorcerse hasta que el tren paso regresando la obscuridad.
Y en la obscuridad, me llegó un horrible pensamiento; Me pregunto si se podrá comer esa cosa. Me asqueaba el imaginármelo, pero estaba hambriento. Y no había garantía de que encontraría comida en este lugar, o en algún otro momento. La cosa esa era mi única opción. Me mantuve tanto como pude, pero creo que mis instintos de supervivencia triunfaron sobre mi asco. Tenía mi encendedor, pero nada conque encender un fuego. Tome un poco de carne de su cascaron, y la cocine un poco con el encendedor, pero no ayudo mucho. Nada hubiera podido. La carne era fétida, más fétida de lo que puedes imaginarte. He comido muchas cosas cuestionables en mi vida, pero nada tan asqueroso, como la carne de esa cosa.
En retrospectiva, Fue ese momento en el que me convertí en un extraño. Antes, me costaba mantenerme sin expresiones como los otros. Destazar y comer una creatura casi alíen en la obscuridad, bajo un mundo extraño, alienígeno, fue cuando perdí toda la cordura. Para cuando deje la obscuridad, y regrese al túnel, estaba tan falto de expresiones y vacío por dentro como el primer extraño que había visto.
Eso no fue lo peor sin embargo. Lo peor vino después, la primera vez que me atasque. El extraño la había mencionado, pero en el estado que estaba, casi no lo note, Una noche, al final de la línea, s eme pidió abandonar el tren en un mundo casi parecido al mundo normal. Le gente allí era casi humana, por lo que podía reconocer. Eran anaranjados y jorobados, seguro, pero fuera de eso, eran prácticamente “normales” –En el “mundo” que había visitado anteriormente, habitaban creaturas gordas con seis pechos sin nariz, así que los tipos anaranjados lucían bastante hermosos para mí-.
Al principio pensé que el conductor le hablaba a alguien más , pero yo era el único en el vagón. Y además, le entendí. Cuando me pare, me di cuenta de porque no me podía parar derecho: Tenia una joroba, y vi mi reflejo que tenía la piel naranja. Entonces me di cuenta de todo. Atorado significaba, estar atrapado en este mundo. Sería útil de no ser porque es posible dejar la “estación”, pero al momento de poner un pie fuera de ella, te das cuenta de los nauseabundo que es para ti un mundo alienígena. Tu cerebro hace comparaciones y trata de establecer normalidad, lo que te pone demasiado nauseabundo.
No podía ni quería quedarme en ese lugar. Solo quería una de dos cosas: Encontrar mi hogar, o encontrar al extraño que me puso en este camino, y patearle el trasero. Nada más me daría alivio.
Algunas veces me pregunte si podía hacer yo que algún pobre bastardo me siguiera en este inframundo por la eternidad… Si podría atraerlo de alguna manera… Resulta que no tenía que hacerlo. Después de unos meses, uno de ellos, me noto, y si, comenzó a seguirme por semanas. De manera cuidadosa, hice los posible por parecer que no lo había visto, justo como el extraño había hecho conmigo. Pero estaba indeciso entre el deseo de advertirle o de traerlo al final de la línea para dejar este inframundo de una vez por todas.
La última noche, el me siguió al final de la línea, justo como yo lo había hecho alguna vez. No tuvo el valor de sentarse frente a mí, sin embargo. Cuando el tren se detuvo, el huyo rápidamente. Deje el vagón, y el tren se fue sin mí, mientras yo maldecía en mi interior. Mientras caminaba hacia los túneles, el joven que me había estado siguiendo, me ataco. Tenía un cuchillo curveado y me tomo absolutamente de sorpresa. Pero ya había viajado por mundos hostiles por anios, así que mis reflejos eran muy agudos.
Peleamos viciosamente, hasta que pude hacer que soltara el cuchillo, el cual tome, y accidentalmente hundí en su cuello. No quería matarlo, ni siquiera estaba enojado. Mientras el yacía en el suelo, desangrándose, me enoje mucho. Lo patee repetidas veces mientras le gritaba, “Idiota, se supone que debías seguirme!”. Hui de la escena del crimen, pero no por mucho; era temprano, y podía tomar el primer tren. Así que tome el primer tren, una vez más al final de la línea, a la “central”. Era invisible para el conductor una vez más . Supuse entonces que, para llegar a la “central”, debes de llevar a uno, o matarlo.
Era invisible otra vez, pero también era naranja y jorobado, hasta la siguiente vez que me quede atorado. Esta siguiente vez, mate nuevamente. Ese otro cayo mucho más rápido. No quería que ella me siguiera. Una vez que me reconoció ella como un extraño, yo la reconocí como la “próxima” y tome mi decisión. No voy a atraer a nadie a esto.
Me Pregunto ahora del extraño que me introdujo a esto. Como lucia originalmente, y si sabía que podía matarme. Me pregunto también de los otros que vi antes, y de las raras ocasiones que me topé con otros extraños en mis viajes en el inframundo. Matan o los atraen? E independientemente de lo que eligen, lo consideran piedad? No me atrevo a hablar con ellos. Estamos condenados de todas maneras, y los condenados debemos sufrir en soledad.
He matado ya a 15, y me he hecho muy bueno en ello. Pero he tomado una decisión. No matare más – inocentes, al menos -. Antes de llegar a la “centra;” por primera vez, llene mi mochila con tanto papel como pude, y escribí esta historia, cientos de veces, dejándolos en botellas en las estaciones. Esta es una advertencia y una petición.
Mi petición, como ya dije, es la de encontrar a mi madre un mentira. Una mentira blanca. Dile a mi mama que la amo, y que intento regresar a casa. Quizá le dé un poco de esperanza, o un poco de paz. Ojala fuera verdad. Pero esta es la cosa: Me he visto a mí mismo como Odiseo, tratando de regresar a casa, aunque perdido y sin rumbo. Perdido en túneles interminables, como un laberinto. Pero con una diferencia: Un laberinto es diseñado, construido. Alguien o algo creo este lugar imposible. Me reclutaron como a Teseo, pero no voy a jugar ese papel. Sus extrañas reglas me convirtieron en un monstruo, así que seré el minotauro de este laberinto. Y si puedo, destruiré todo lo que está a mi alrededor, y destruiré a lo que hicieron este lugar. Los hare responsables de esto.
Mi advertencia es que debes de tener mucho cuidado en lugares públicos, de las personas silenciosas e inexpresivas. Hombres o mujeres. Pueden matarte. O pueden hacerte algo peor. Si los ves, aléjate, huye rápidamente. Pero más importante: No tomes el metro al final de las líneas.
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