jueves, 16 de enero de 2014

PRECUELA DE ABANDONADO POR DISNEY: SUGERENCIAS.

Sugerencia: Podríamos cambiar al vigilante durante la hora punta.

Sugerencia: Por favor, quitad ese carrito de perritos calientes del tobogán de agua principal. También  pedir que los trabajadores echen un ojo a los niños que acaban de comer. Cuando alguno tiene un corte de digestión, tres o cuatro personas deben tirarse por el tobogán para llegar hasta él.

Sugerencia: Estaría bien si tuviera alguna manera de dar información más detallada. ¿Podría tener una cita con la administración?

Sugerencia: Se necesita más seguridad en la puerta sur.

Sugerencia: La música de la casa de los reptiles no para de ralentizarse o sonar invertida, es REALMENTE desconcertante.

Sugerencia: Por favor, decidle a las mascotas que no intenten comer con sus trajes puestos. Encontramos a uno con comida por todo su rostro y pensamos que intentaba ser gracioso. La apertura de la boca tiene una malla, así que comer debería ser imposible.

Sugerencia: Por favor, arreglad el problema de la casa de los reptiles, me está volviendo paranoico.

Sugerenia: Los huéspedes se están quejando de la cantidad de toallas en sus habitaciones.

Sugerencia: Es necesaria una nueva máquina de café en la sala de descansos.

Sugerencia: No iba a decir nada porque soy muy tolerante, pero por favor, dejad de admitir aquí niños sin rostro. Que no estén en las áreas de huéspedes.

Sugerencia: El área común podría tener una mayor selección de DVDs y juegos. La colección ya se está quedando antigua.

Sugerencia: Aun se necesita seguridad en la puerta sur. ¿Qué es más barato, tener a un miembro del personal vigilando cada cierto tiempo, o repintar las paredes que han sido víctimas del vandalismo?

Sugerencia: La puerta sur necesita más seguridad.

Sugerencia: ¿Qué pasa con las blasfemias en la salida para empleados? Apostad a más empleados de seguridad en la zona, o algo.

Sugerencia: No me siento seguro pasando por la puerta del sur.

Sugerencia: Frank está haciendo trampas al solitario cuando piensa que no le estoy mirando. Por favor, haced algo con él inmediatamente.

Sugerencia: Decid a las mascotas que no se metan donde no les llaman. Uno de ellos se dedica a quitar y poner la música de la casa de los reptiles. Les puedo decir quién es por el traje. Decidle algo, por favor.

Sugerencia: Por favor, dadle más descansos a las mascotas entre horas de trabajo. El sudor y el olor son una cosa, pero otra muy distinta es que sigan metidos en ese traje que apesta a vómito.

Sugerencia: Parad a Frank, es una amenaza. Ha llegado hasta el sudoku. No me lo estoy inventando.

Sugerencia: Siento escribir esto en una servilleta, pero necesitamos más cartas de sugerencias, alguien las podría estar robando.

Sugerencia: Parad la puta música.

Sugerencia: Lo juro, esos niños sin cara están apareciendo por todas partes. Cada vez que mato a uno, los otros se portan incluso peor. Me los encuentro en montones al fondo de las escaleras y piensan que es divertido. Pero no lo es. No me dejan pasar.

Sugerencia: Necesitamos más hojas de sugerencias.

Sugerencia: Hemos recibido un traje de mascota con pintura en los guantes. Alguien lo trajo de la puerta sur, y el color coincide con el que los vándalos usan. Podría valer la pena echarle un vistazo. Y, oye, ¿dónde están las cartas?

Sugerencia: el disfraz se pega a las llagas

Sugerencia: E s
dEma siAD o dificil
escrbr con
estos guantes puestos

Sugerencia: ¡Gracias por las cartas de sugerencias! ¡Por fin! ¿Qué están haciendo los que se dedican a revisar estas cosas?

Sugerencia: Una vez más, siento escribir en una servilleta. Nos hemos vuelto a quedar sin cartas.

Sugerencia: Una de las mascotas me acorraló en el cuarto de suministros y me agarró los pechos. Se lo conté a Michael Sheehan pero creo que no va a hacer nada porque no sabe quién iba en el traje. Voy a abrir un expediente y convocar un pleito si la administración sigue evitando mis llamadas. Este es mi último aviso. Otra cosa: poned más cartas. Empiezo a pensar que las removéis para no leer mis informes.

Sugerencia: ja ja soy un ratón

Sugerencia: QUE OS FOLLEN.

Sugerencia: Alguien está quitando las bombillas. Quiero decir, las están robando en todas partes. Los huéspedes están cada vez más enfadados viendo como al pulsar los interruptores no encienden ninguna luz.

Sugerencia: ¿Vamos a tener más DVDs en la sala común? No me quejo porque las películas sean viejas, si no porque la mayoría están rayadas y no se pueden ver.


Sugerencia: Las máquinas expendedoras en la tercera planta del área de huéspedes están constantemente desenchufadas y las ranuras para introducir dinero están atascadas por cartas de sugerencias. Ni siquiera sé de qué hablan esas cartas.

Sugerencia: Volvemos a necesitar más cartas.

Sugerencia: Intenta encontrar a Frank.

Sugerencia: Te daré pistas sobre Frank, ¿vale?

Sugerencia: Pista #1, es frío.

Sugerencia: Pista #2, es húmedo.

Sugerencia: Sería necesaria otra capa de pintura en la puerta sur. ¿No vais a hacer nada con ese payaso?

Sugerencia: Pista #3, rubor.

Sugerencia: El carrito de perritos calientes sigue junto al tobogán de agua, y ya ha habido dos incidentes de niños que han tenido cortes de digestión a la mitad del tobogán. Esto afectará gravemente al parque.

Sugerencia: me prece que no estás buscando a frank!!

Sugerencia: Hey, no quiero resultar pesado, pero en serio, ¿dónde están las cartas?

Sugerencia: Sigo hundiéndome en el suelo o

Sugerencia: es solo que siento como si así fuera.

Sugerencia: No puedo tener ni un momento de descanso porque hay demasiado que hacer. Cada vez que me tumbo a descansar los huéspedes me preguntan si estoy bien.

Sugerencia: no puedo quitarme la cabeza no puedo quitarme la cabeza no puedo quitarme la cabeza no puedo quitarme la cabeza no puedo quitarme la cabeza

Sugerencia: ignora la ultima carta olvide que era mi verdadera cabeza

Sugerencia: el disfraz se pega a mis llagas y hay cada vez mas

Sugerencia: todo lo que soy son llagas

Sugerencia: el disfraz esta respirando y si no me muevo como el quiere no puedo respirar

Sugerencia: J

Sugerencia: ODER

Sugerencia: cierro las puertas pero alguien las abre de nuevo por favor decidle que pare de hacerlo porque deja que todo el mundo salga de nuevo y eso es contra producente

Sugerencia: han encontrado a frank y van a por mi por favor consejo

Sugerencia: HAHAHAHA la cara de frank era como un plato de pure de patatas cuando lo echaron cuando me rei todos me miraron hasta la gente con cara que raro

Sugerencia: tengo que pensar en que hacer

Sugerencia: oh

Sugerencia: ya se aferrarme

Sugerencia: No estoy seguro de si el buzón de sugerencias está en el lugar correcto, pero no se están tomando medidas respecto a mis quejas. Durante los últimos días, he estado paseándome por el recinto y contando el número de trabajadores. Todo lo que puedo decir es que hay más mascotas que cualquier otra cosa. Los de seguridad dicen que no tiene sentido, y yo creo que hay polizones.

Sugerencia: por favor ayuda, los disfraces son pesados con personas dentro y no queda un gancho para mi

lunes, 2 de diciembre de 2013

ESTE HOMBRE.




¿Alguna vez has soñado con “este hombre”? O dicho de una forma más adecuada, ¿alguna vez has soñado con alguien parecido a “este hombre”? Este es un conocido fenómeno que según la página web www.thisman.org, muchas personas afirman haber experimentado en sus sueños. Hasta la fecha, más de 2.000 personas en todo el mundo dicen haber visto a este misterioso hombre en sus sueños.


Según la conocida página thisman.org, todo comenzó en enero de 2006, cuando un psiquiatra muy conocido en Nueva York decidió dibujar la cara de un hombre que se le aparecía asiduamente en sus sueños dándole consejos. Con el paso del tiempo el boceto de la cara del misterioso hombre quedó en el olvido, hasta que uno de sus pacientes vio el dibujo sobre su escritorio. El paciente inmediatamente reconoció rápidamente la cara del hombre que se le aparecía también en sus sueños. Tanto el psiquiatra como el paciente afirmaron que nunca antes habían visto a “este hombre” en la vida real.

El psiquiatra se quedó muy sorprendido y le pareció un fenómeno bastante interesante, remitiendo el boceto a sus colegas para ver si alguno de sus pacientes que sufrían problemas de sueños lo reconocían. En cuestión de unos pocos meses, cuatro pacientes fueron capaces de identificar el boceto como el hombre que en ocasiones les visitaba en sus sueños. Además, otro dato que sorprendió a los expertos es que los pacientes que habían experimentado la misteriosa visita en sus sueños se referían colectivamente a él como “ese hombre”.

Este fenómeno dio paso a uno de uno de los misterios más polémicos, ya que lo que se puede determinar es que no hay un vínculo común entre los miles de personas que afirman haber visto a este hombre en sus sueños. Sus víctimas dicen que se les ha aparecido en diversos sueños que van desde el consejo de amigo o encuentros con pesadillas horribles que implican ataques.

A continuación algunos testimonios de personas que afirman haber soñado con “este hombre”:

“He tenido este sueño recurrente desde hace algunos años. Un hombre alto, moreno me muestra una foto y me pregunta si puedo reconocer a mi padre. El hombre de la foto es “este hombre” que nunca he visto antes, él no se parece en nada a mi padre, sin embargo, inexplicablemente me dijo que sí reconocía a mi padre. En este punto, por lo general despierto sintiéndome muy tranquilo. Otras veces, el sueño continúa, estoy delante de la tumba de mi padre, pongo algunas flores en el suelo y me doy cuenta de que la fotografía de la lápida es la de “este hombre”.

“Yo soñaba con “este hombre” cuando estaba en décimo grado. En mi sueño estoy atrapado en una habitación sentado en un taburete. A unos metros de mí había un aparato de televisión. Aparecen dos hombres que nunca había visto antes (no es “este hombre”) y ambos me atacan. Me desperté cubierto de sudor y lágrimas, y yo estaba gritando. De alguna manera me vuelvo a dormir y luego me encontré de nuevo en la habitación. Empiezo a gritar y llorar. Entonces “este hombre” aparece la pantalla. Yo le rogué que no me hiciera daño. Él no cambió su expresión y tampoco hablaba. Él me cortó la garganta y me desperté. Supongo que me dejó salir de la pesadilla, pero no podía dejar de pensar en él durante semanas. Todavía tengo algunos de los bocetos que dibujé de él. Sé que es un poco raro.”




Este hombre ¿Has soñado con este hombre? Miles de personas afirman haber soñado con el mismo hombre
Estos son algunos de los dibujos originales hechos por las personas que han visto a este hombre en sus sueños

Existen una variedad de teorías para determinar el origen de la misteriosa aparición de “este hombre” en los sueños de las personas. Algunos van desde el inconsciente colectivo, donde “este hombre” aparece en tiempos de dificultades, a una experiencia religiosa basada en la teoría de que este hombre se presenta como el mismísimo Dios en su forma física. Pero la teoría conspirativa sugiere que “este hombre” es una persona real, con la capacidad de acceder a los sueños de las personas. Aunque la teoría favorita de los conspiaronicos es que “este hombre” forma parte de un proyecto de “control mental” que llevan años aplicándolo contra la población.

La ciencia incluso se ha pronunciado sobre este misterioso fenómeno onírico, basado en la teoría psicosociológica debido a que el fenómeno surgió por una simple casualidad y que ha ido extendiéndose entre las personas por imitación. Según explicaron los científicos, en el momento en el que un sujeto observa a “este hombre” forma parte del fenómeno viral ya que se le aparece en sueños. Aunque hay que recordar que ninguna de estas teorías a podido ser probada.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

HABITACIÓN CERO. (Abandoned By Disney 2.)





Hace mucho que no escribo nada relacionado con la compañía Disney, y estoy seguro de que sabéis por qué.

Han pasado muchas cosas desde lo último que publiqué. He recibido muchas preguntas de personas que leyeron mi primer texto sobre el Palacio de Mowgli, aquel centro turístico abandonado por Disney.

Quiero dar las gracias a todos los que leísteis y difundísteis mi experiencia. Esta ha desaparecido de muchos sitios web, sobretodo de sitios que pueden ser fácilmente controlados por grandes compañías. Sin embargo, por cada tema eliminado, aparecen cientos más con mi historia.

Esto es algo que deben afrontar. No hay forma de eliminarlo completamente, no hay retorno para ellos... ni para mí.

Estoy seguro de que me siguen. Los dos primeros meses después de mi experiencia, caí en una brutal paranoia. Cualquier mirada casual o media sonrisa hacia mí, me dejaba totalmente fuera de lugar. Incluso se me ponía la piel de gallina.


El primero, o mejor dicho, el primero al que creí descubrir, era un técnico que rondaba por mi edificio.

Era un hombre de mediana edad, muy sudoroso, vestido con el típico uniforme, pero había algo en él que simplemente, no encajaba. No sabía qué era exactamente, pero tenía la certeza de que no era una mala jugada de mi mente. Era alguien torpe y fuera de lugar, no como alguien que sigue su típica rutina de trabajo.

Una vez le seguí y le perdí de vista al doblar una esquina. Cuando volvía a casa, allí estaba. Mirándome fijamente, a escasos metros de mí. Sin expresión alguna, frío.

"¿Explorando?" me preguntó. Es todo lo que me dijo, con un tono acusador.

Decidme, ¿qué clase de técnico hace eso?


Supongo que esa es la peor parte. Nunca me sentía seguro. Nunca me sentía solo. Eso, y el merchandising de Disney que alguien parecía estar dejando para mí. Pequeños Mickeys de caucho en el buzón, y una revista de Disney en una de mis estanterías.

Había pequeños Mickeys escondidos en todas partes. Tres círculos, uno grande, dos pequeños, la silueta de ese estúpido ratón.

Empecé a hacer una lista de todos los Mickeys que encontraba.

Los anillos de café que dejaba mi taza sobre la mesa. Uno grande, dos pequeños. Graffitis en un muro que había camino al trabajo; un planeta Tierra con la Luna y el Sol colocados en las posiciones que imagináis...

Están por todas partes.

Hay gente que me ha enviado emails sobre esto. Si difundís cualquier cosa de lo que yo vaya a decir, también encontraréis a esos redondos hijos de puta. Os lo garantizo.

El mejor, sin duda, y el que más me hizo reír, por no llorar, era un dibujo hecho con tiza justo al lado de mi coche. Al verlo retrocedí, saliendo del parking, y con un ojo puesto en todas las personas con las que me cruzaba.

El contorno parecía el que se le hace a una víctima de asesinato, y en su interior, escrito en amarillo, había algo; estoy seguro de que era pintura...

Solo una palabra.

"RETRÁCTATE"

Lo único bueno que podría sacar de esto es la certeza de que no soy el único que vio algo que nadie debería haber visto.

No voy a decir nombres porque... bueno, si tengo que explicar las razones, es evidente que no habéis leído absolutamente nada.

Pero sí puedo contar algo de ellos.

Uno de ellos, “Investigador", iba a los parques de atracciones de Disney siempre que podía, durante todo el año. No iba a divertirse, ni a subir en atracciones.

Estaba buscando algo a lo que él llamó "Gascotas".

Hay una larga lista, por lo que parece, de extraños "clientes" en el parque. Silenciosos, sin movimiento, siendo de todas las edades, formas y tamaños. Hombres y mujeres, adultos, adolescentes y niños.

Todos llevando máscaras de gas con temática Disney.

Por esto, Disney obtuvo muchísimas quejas sobre gente con "pintas extrañas" persiguiendo a clientes alrededor del parque. Individuos que se perdían en las multitudes y desaparecían.

Más tarde, el tema de las máscaras de gas tomó otro rumbo, llevando a muchos a pensar que eran terroristas.

Todas esas quejas acabaron tiradas en la basura. Sé que no puedo encontrar ninguna de estas quejas oficiales de ninguna forma. (Y más sabiendo que Disney lo controla prácticamente todo.)

Investigador iba a los parques, hablaba con algunas personas, e intentaba no llamar demasiado la atención. Solo se dirigía a tres o cuatro familias y les preguntaba si habían visto a "su amigo", que llevaba una "máscara graciosa".

Nunca había visto a una gascota por sí mismo... hasta que, en una ocasión, un niño señaló a uno de ellos. Mientras Investigador corría entre la multitud, escuchaba las voz del niño gritando: "¡Mamá! ¡Yo también quiero una máscara de gas de Goofy!".

Un compañero al que llamaré "Socorrista" trabajó en un parque acuático de Disney del 2001 al 2003. Se encargaba de quedarse junto al comienzo de uno de los toboganes-tubo para asegurarse de que los niños bajaban de forma segura. Iba indicando a los niños cuándo tirarse, procurando que no se tirasen varios a la vez y que respetasen su turno, además de indicarles las medidas de seguridad apropiadas.

Un día, un chico gordo se tira por el tobogán y no aparece al final del tubo.

Sin percatarse de ello, deja que se lancen dos o tres niños más, que tampoco aparecieron al final; pensó que, seguramente, el niño gordo se atascó y se convirtió en un tapón.

Pero no fue así.

Los tres niños salieron del tobogán, riendo y chapoteando como si no hubiese ocurrido nada.

No había rastro del niño gordo.

Socorrista cerró el tobogán, para descontento de los niños en la cola. Antes de poder tomar alguna medida desesperada, ¡SPLASH! el niño sale del tobogán.

Los compañeros de Socorrista sacaron al niño del agua. Se había hundido como si de una piedra se tratase, su piel estaba azulada y sus ojos estaban abiertos cómo platos. Todo lo que podía decir era "Niños sin cara" y "Dejad de apretarme la cara".

El niño estaba bien. Fue transportado inmediatamente al centro médico del parque. Cuando le pidieron a Socorrista que abriese de nuevo la atracción, se negó en rotundo, indicando que el tobogán no era seguro. A pesar de sus quejas, fue amenazado con el despido, y tuvo que reabrir la atracción a regañadientes.

A partir de aquello, fue mucho más cuidadoso con los niños. Descubrió que, de vez en cuando, los niños bajaban del tobogán en diferente orden... no salían tan aturdidos como el chico gordo, pero sí parecían sorprendidos... como si acabaran de darse cuenta de que aquello era la realidad.

La mayoría se atragantaban con el agua y tosían un poco... luego, no volvían al tobogán.

Leí esos dos emails con la misma sensación de malestar que seguramente tengáis vosotros. Incluso les pedí que publicasen su historia, tal y como hice yo, pero no querían exponerse de esa manera. Algo en lo que yo debí haber pensado antes.

"Blancanieves", que no era exactamente el rol que ella tenía, era un "personaje" de uno de los parques. ¿Sabéis lo que pasa cuando un trabajador aparece muerto en el interior de su traje?

En un momento se está haciendo una foto con el pequeño Jimmy, y al siguiente, es golpeada por algo y aparece muerta. ¿En serio?

Una segunda mascota tuvo que sentarse junto al cuerpo en un banco junto a la "Lavandería", esperando que alguien viniese y se llevase discretamente el cuerpo. Durante todo el tiempo, tuvo que posar para fotos junto a un cadáver.

Sois libres de comprobar vuestro álbum de fotos a partir de aquí.

Esto fue horrible, pero otro compañero, al que llamaré "Conserje", nos da más detalles.

Disney World (y probablemente, otros) está construido sobre una serie de túneles bajo tierra. Todo lo que puedas imaginar está allí abajo, para el uso de los trabajadores.

Son llamados los Pasillos de Servicio.

Básicamente, esa es la razón por la cual no vemos gente como limpiadores o conserjes fuera, en el parque. Simplemente hacen su trabajo a través de todos esos túneles, caminando justo debajo de nosotros.

Conserje me comentó que debería ser sabido por todos, pero para mí no fue ninguna sorpresa.

Walt Disney tenía varios apartamentos ocultos en sus parques. Hay uno sobre el Castillo de Cenicienta... y otro junto a las atracciones de Piratas del Caribe. Están por todo el parque.

Además, hay clubs nocturnos, un cine, una bolera, y mucho más. Todo detrás de caprichosas fachadas que nadie puede ver a simple vista.

El Club 22 es uno de estos lugares ocultos. Si tienes suficiente dinero, podrás entrar en ese club exclusivo y mucho más.

Este club es el lugar a donde todo va. La compañía Disney llama a lugares cómo este "Zonas oscuras". Hay imágenes de personas disfrazadas de Mickey que te ofrecen bebidas, drogas y sí, sexo.

Curiosamente, el resto del parque es la "Zona brillante", con algunas "Zonas grises” en medio.

Todo lo que Conserje me pudo decir es que no siempre fue así. Fue más bien un gradual degradado de las normas sociales con un grupo elitista.

¿La razón por la que él sabe todo esto? Es obvio; lo limpiaba.

Después de una larga revisión de antecedentes, Conserje fue “ascendido” a limpiador de la Zona oscura.

Ahora, antes de que os imaginéis algo de estilo “ritual satánico”, debéis saber que el conserje no vio nada de eso. ¿Un montón de botellas vacías? Sí. ¿Condones usados y desinflados cómo globos de fiesta? Oh, sí. Limpió aquella mezcla de sangre, orina y vómito, todo bajo órdenes de sus superiores.

Al menos, así lo veía él de forma retrospectiva.

Toda esa basura, esa mierda profana, fue transportada y quemada en una chimenea.

Si has estado en Disney World, probablemente hayas respirado pecado condensado.

Guardando toda esta información, otro individuo me envió su experiencia: “Martillo”. Martillo contactó conmigo a la vieja usanza, por carta, a pesar de que nunca le había dado mi dirección. Me envió fotocopias de papeles de su trabajo, diciendo que, en cuánto los hubiese leído, los quemase.

Lo cual hice con mucho gusto.

Martilo trabajó alrededor del Disney World, demoliendo y construyendo. En algún momento, se acercó a un superior habiéndose percatado de extraños planes de construcción.

Había un gran área rectangular marcada en los planos, del tamaño de un supermercado. No tenía nombre, solo había una indicación: “NO EXCAVAR”.

El superior no solo se mantuvo al margen, si no que, después de mucha insistencia por parte de Martillo, terminó diciendo que no quería saber nada, hablar de nada y que “este espacio se ha dejado intencionalmente en blanco”.

Martillo no lo entendía. El área parecía un desperdicio de espacio y estorbaba en el área de trabajo de su cuadrilla. Por curiosidad, empezó a indagar por la zona en sus descansos, y encontró una gran puerta de acero que daba entrada a unos grandes muros de hormigón.

Parecía un intento de supermercado, con un suelo gris y vacío.

A partir de ahí, Martillo empezó a ver gascotas en medio de las multitudes.

A diferencia de otros informes, esas personas... esas cosas... se dejaban ver solo por él. Se agrupaban en la distancia y le observaban, o estaban apoyados en la pared cuando torcía una esquina.

Decía que se “movían raro”, cómo si estuviesen débiles o heridos... como un ciervo al que un cazador ha disparado y ya no puede huir más.

Las máscaras de gas... las caretas de personajes Disney encajadas en ellas... se dio cuenta de que parecían húmedas por dentro, como la condensación en el cristal de un coche. Pequeñas gotas de agua caían lentamente tras el cristal, haciendo imposible que alguien pudiese ver así.

Además, Martillo quiso ir más lejos interrogando a aquellos que habían estado trabajando más de una década en el parque.

Siempre se encontraba en callejones sin salida, hasta que dio con Ida, una mujer anciana que trabajó en un restaurante de la Calle Principal. Había estado allí desde hace bastante, y nadie había tenido cojones de preguntarle nada porque, al parecer, ella había visto muchísimo más que cualquier otro y siempre tenía algo espeluznante que contar.

Martillo le preguntó acerca de aquel lugar vacío y sobre los individuos con las máscaras de gas. Al principio, pensó que iba a recibir la misma respuesta negativa que los demás. Pero ella se quedó quieta. Demasiado quieta.

“Habitación Cero.” dijo con una voz aguda al tiempo que se llevaba su mano temblorosa a la mejilla, como una niña que teme el castigo de su padre.

No se atrevió a mirar a Martillo a los ojos durante toda la conversación.

Habitación Cero, al parecer, era otra estancia oculta, como los apartamentos y el Club 22. Sin embargo, era de mucho más tamaño, y estaba situada en una zona ajena al parque, no cómo las demás Zonas oscuras, las “divertidas”.

Era un refugio.

La Habitación Cero estaba diseñada para resistir a un ataque masivo, tanto si era realizado por extranjeros como por enemigos del mismo país.

Estaba destinada a guardar suficientes provisiones para el parque entero en aquel momento, teniendo incluso una “habitación del pánico”, con carteles motivacionales de personajes Disney.

Durante la Segunda Guerra Mundial, las máscaras de gas con caras de personajes de Disney fueron distribuidas entre los soldados, en caso de ataque enemigo. El objetivo era que los niños perdieran el miedo a acercarse a un Mickey con una máscara de gas.

Sí, sé los problemas que podría traer eso.

Durante la Guerra Fría, en los sesenta, cuando fue construido Disney World, la Habitación Cero fue rellenada también con estas máscaras. Incluso si el objetivo era quitar el miedo a los niños, o solo llamar la atención, esas cosas encontraron su lugar allí.

Pero, esperad, hay más: algún genio, teniendo en cuenta que los niños estarían asustados de ver a sus padres con esas máscaras... se le ocurrió hacerlas también para niños.

Ida lo describió cómo “tratar una herida con zumo de limón.”

Nada de lo que ella explicó fue visto por Martillo, sin embargo. Solo vio a esas presencias extrañas, pero en el interior de la Habitación Cero, no había nada.

“Estuve allí,” explicaba, “no había nada más que un suelo de cemento y cuatro paredes.”

“No” Ida sacudió la cabeza y se tapó la boca, reprimiendo un sollozo, “Solo has estado encima.”

Ida contó entonces algo sobrecogedor.

Alguien o algo hizo sonar la alarma del parque, un día que estaba lleno. La advertencia era clara; un ataque aéreo.

Los encargados de seguridad empezaron a bajar a la gente, sí, al piso inferior de aquel tremendo refugio. Una vez allí, les obligaron a ponerse las máscaras y a permanecer quietos y en silencio durante el asalto.

Todo estuvo en calma una media hora, salvo por el llanto de los niños y los susurros asustados de muchos. Nadie quería morir, así que, en cierto modo, agradecían esa extraña medida de seguridad.

Fue entonces cuando se dejó oír el primer grito.

“¡Hey!” gritó un hombre “¡Deja de pellizcarme!”

Una ola de gritos y aullidos empezó a ondear entre la multitud.

“¿Quién está correteando? ¡Quédate quieto!” aulló alguien.

“¿Quién se está riendo? ¡Esto no es divertido!”

“¡Ow! ¿¡Quién me ha pisado el pie!?”

A pesar de los intentos de los encargados de seguridad para calmar a la gente, la multitud se volvió cada vez más agitada hasta que, finalmente, y tras una hora de locura intensa...

Las luces parpadearon.

Entonces, se apagaron.

Lo siguiente solo se podía describir cómo un auténtico caos. En la profunda oscuridad, solo los gritos de los jóvenes y los chillidos angustiados de los adultos podían ser oídos en un masivo ruido que hizo de aquella gran cámara un insufrible infierno.

Incluso hubo personas que salieron de la cámara, preparados para encontrarse frente a frente con la guerra en lugar de aguantar aquella locura. Entre ellos, se encontraba Ida.

Lo que encontraron, por supuesto, fue un parque de atracciones desolado, sin rastro de aviones enemigos. La música del lugar continuaba sonando, haciendo un inquietante eco en las vacías calles del parque.

Después, al volver a la Habitación Cero, los pocos que habían estado arriba se quedaron en las escaleras de acceso a la parte inferior, notando un silencio sepulcral en sustitución del caos anterior.

Ida fue la que bajó, dejando a aquellos con los que había salido a la zona superior solos.

Alcanzó las puertas reforzadas, inundadas de oscuridad; Ida sentía un molesto zumbido en los oídos.

Una voz surgió en aquella oscuridad... una voz burlona y seca. El eco de aquel lugar le hizo imposible saber si la voz venía de lejos, o si estaba justo delante suya.

“Cierra la puerta, querida. Estás haciendo que entre frío.”

Aterrorizada, tan solo obedeció a aquella voz y cerró las puertas. Durante varios días, todo aquello... el refugio, las escaleras, todo... estaba cubierto de huellas marcadas en el cemento. Los sistemas de ventilación y los generadores habían desaparecido, haciendo de aquello un lugar completamente vacío.

“Ellos siguen ahí abajo.” le dijo Ida a Martillo, “Allí abajo con lo que quiera que fuera eso.”

¿Os habéis dado cuenta de que he usado el nombre real de Ida?

Desafortunadamente, ella murió tras contar esta historia a Martillo. Al parecer murió accidentalmente, cayéndose al suelo al salir de la cama para encender una luz.

“Era toda una devota de la compañía”, añadía la carta, casi al final, “su cuarto estaba cubierto de siluetas de Mickey Mouse.”

viernes, 23 de agosto de 2013

POLIBYUS


Según una leyenda urbana, un videojuego nunca antes visto apareció en varias salas de juegos de los suburbios de Portland, conocido como Polybius. Supuestamente, el juego fue fabricado por una empresa llamada Sinneslöschen (en alemán "pérdida de los sentidos") y programado por Ed Rottberg. En el juego, el jugador manejaba una nave que disparaba a una serie de enemigos mientras las fases se desarrollaban con una temática tipo puzzle. Así mismo, todos los testigos coincidían en que una particularidad del juego era que la nave no se movía con el mando, sino que la pantalla rotaba alrededor de la nave. El juego constituía una revolución en aquella época, y su aspecto gráfico, de colores vivos y abundantes efectos luminosos, fue una gran atracción para todos los jugadores de videojuegos.


Al poco tiempo, el juego se hizo muy popular, hasta llegar al punto de producir adicción en algunos jugadores. Siempre se formaban largas colas para poder jugar. Los relatos de las personas que tuvieron la oportunidad de jugarlo hablaban de combinaciones de luces estroboscópicas y gráficos, que contenían mensajes subliminales. El juego producía afecciones neurológicas en los jugadores, como mareos, tics nerviosos, vómitos, pérdidas de memoria, alucinaciones auditivas y ópticas, ataques epilépticos y terrores nocturnos. También aseguraban ver caras fantasmales por el rabillo del ojo recorriendo la pantalla del juego a una velocidad casi imperceptible, así como mensajes que instaban al suicidio o al conformismo, tales como "Kill Yourself" (mátate), "No Imagination" (sin imaginación) "No Thought" (no pienses), "Conform" (confórmate), "Honor apathy" (honra la apatía), "Do not question authority" (no cuestiones a la autoridad) o "Surrender" (ríndete) entre otros. Muchos afirman haber oído voces y lamentos entremezclados con el fortísimo y confuso sonido del videojuego.
Curiosamente, el juego al principio provocaba una gran adicción, para después generar un odio visceral al mismo. Los jugadores olvidaban en qué consistía el juego de forma escalonada, por lo que hoy en día es casi imposible encontrar un testimonio de alguien que haya conseguido jugar y lo recuerde a la perfección.
Cuando se cerraban las salas de juegos, algunos testigos afirmaban ver a dos hombres con trajes negros (“Hombres de Negro”) que entraban a hablar con el dueño de la sala y tomaban notas en virtud de los efectos que este les relataba. Esto acrecentó la sospecha de que la máquina pertenecía al gobierno estadounidense. Un par de testigos aseguraron que estos señores se habían olvidado de salir del menú de opciones y que cuando miraron a la pantalla, contemplaron atónitos como en ésta habían parámetros tales como pesadillas, terrores nocturnos, amnesia o alucinaciones auditivas y mensajes subliminales.
Finalmente, la prensa local de Portland hizo eco del fallecimiento de un jugador que sufrió un ataque epiléptico mientras jugaba. Al día siguiente, empleados de la compañía, vestidos como siempre de negro, acudieron a todas las salas en donde se había instalado el juego y se llevaron todas las unidades, haciéndolo desaparecer para siempre.

jueves, 22 de agosto de 2013

EL CASO NEUMANN

Soy el doctor Jonathan Hersch, escribo esto en la fecha del nueve de septiembre de 1930, para dejar claro de una vez por todas lo relativo a la muerte del doctor Frédéric Poirot y lo acontecido en el castillo Neumann.

A finales de julio de éste mismo año, mi maestro y mentor Andrej Neumann estaba muriendo por el mal de la tuberculosis. Tomó la determinación de que se llamase a sus médicos y allegados de confianza de manera inmediata a su castillo, situado a las afueras de la hermosa ciudad de Praga. En aquel entonces, yo estaba ejerciendo en una clínica con uno de mis tíos en Berlín, pero al saber que mi querido mentor iba a fallecer, sentí la imperiosa necesidad de acudir a verle sin importar la circunstancia. Diez especialistas de medicina y siete criados nos hallábamos en sus aposentos, el dos de agosto de aquel día. Uno de sus amigos más respetados estaba en el dormitorio con él, preparando el suero y otra clase de útiles médicos. Cuando fuimos llamados, me apenó ver al señor Neumann en un estado tan lamentable: estaba pálido, arrugado y consumido por la enfermedad. Le oíamos respirar con dificultad. Me miró directamente a los ojos, y así permaneció durante un rato. Aquel día no desempeñé ninguna labor en especial salvo estar con mi maestro en su habitación en silencio, con la visita ocasional de otro doctor. No fue hasta el día siguiente cuando nos llamó a todos y nos explicó sus verdaderas intenciones.

Nos pidió (de hecho,sería más adecuado decir que nos rogó) que fuésemos cómplices de un experimento: debíamos mantenerlo vivo, costara lo que costara, el tiempo suficiente como para poder demostrar sus teorías. Según afirmaba este moribundo checo, nuestros cuerpos son sólo meros receptores de energía de algo mucho mayor, a lo que denominaba como el Núcleo, y una vez que morimos, nuestras consciencias vuelven de nuevo a él. Si le pudiésemos mantener en un estado entre la vida y la muerte, sería capaz de demostrar la existencia del Núcleo, y cuando ésto suceda, mantenerle estable para que nos lo pueda comunicar. Nos contó que durante varios meses había sido capaz de perfeccionar un movimiento que incluso podría ejecutar en un estado completamente catatónico: tamborilear con los dedos.

El plan fue rechazado por algunos de nosotros, que lo interpretábamos como una demencia. Pero su amigo de confianza, intentando contener las lágrimas, nos lo suplicó con todas sus fuerzas, por lo que terminamos haciendo caso. La primera semana no ocurrió nada particularmente interesante; nos encargábamos de que Andrej no muriera llenando una de sus bolsas de suelo con una extraña solución preparada por él mismo o inyectándole una jeringa que contenía el mismo líquido. La comida y el agua llegaban de forma regular a sus dependencias, y yo me pasaba el tiempo o bien atendiendo a mi antiguo mentor, paseando por los jardines de su castillo o hablando con el resto de compañeros. Mantuve alguna que otra conversación animada con el doctor Poirot, el viejo amigo de Neumann del que he venido hablando.

-¿Y bueno señor Hersch, qué opina de las teorías de Andrej?

-Para serle sincero, no sé si está demasiado loco, o más cuerdo que el resto de nosotros…

.No estaría tan confiado si supiera que en su historia hay algo de verdad. Me lo dijo una vez. Él pudo hablar con el Núcleo.

Al poco de terminar el primer mes del experimento, cuando estaba amaneciendo, uno de los criados gritó con horror, al traerle los alimentos a Andrej. Me vestí rápidamente, y el resto de médicos me acompañaron para ver que sucedía.

Fue en ese momento en el que mi mente se quebró, incapaz de comprender lo que estaba viendo.

Aquel ser sobrenatural tenía un cuello ligeramente alargado, formado de pliegues a través de la piel, como una especie de macabro acordeón. Parecía como si hubieran agarrado un cuchillo y le hubiesen cortado ambos lados de la comisura de la boca, alargándola por su cara. Sus dientes (pequeños, pero algo alargados) y sus finos labios aún permanecían en el centro. De su nariz solo quedaban dos fosas nasales parecidas a las de un esqueleto…y sus ojos. Cielos santo, sus ojos.  Seguían siendo redondos, pero carecían de párpados y cejas, y eran completamente blancos, carentes de venas algunas.  Rodeando cada globo ocular había una especie de capilares alargados, dándole a todo el ojo el conjunto de una especie de esfera visceral rodeada de tentáculos. Su cabeza tenía forma abombada, y la piel del cráneo (más bien, de todo su cuerpo) había pasado a ser una serie de escamas duras parecidas a la corteza vieja de un árbol, separadas por escasos centímetros. En esta separación, se podía ver el músculo, y algo inidentificable latiendo débilmente. Sus dedos tenían un aspecto esquelético. En conjunto, parecía una especie de grotesco anfibio.

Esta monstruosidad…era mi mentor,Andrej Neumann. Y estaba despierto, pues de nuevo me volvió a mirar.

Estuvimos haciendo turnos para vigilarle, nunca nos separamos de él. En un momento uno de los doctores, aterrado, le pregunto si quería que continuásemos con el experimento, y el simplemente movió la cabeza, haciendo una señal de afirmación.

Cuando creíamos que la pesadilla no podía alargarse más, las cosas fueron a peor.  Su cama se había llenado de una especie de material orgánico puterfacto, parecido a una herida infectada. Sospechábamos que el material venía de mi propio mentor, por lo que el día 28 de agosto decidimos que había que terminar con su plan de una vez por todas. Estábamos todos los médicos y ayudantes agrupados a su alrededor, cuando le tomamos el pulso: se estaba muriendo. Comenzó a tamborilear con los dedos, primero de forma suave y luego cada vez más y más fuerte, haciendo cada vez más difícil el ignorarle. Todo su cuerpo comenzó a convulsionarse, y sus ojos se abrieron todavía más, lo que en un principio me resultaba imposible. Intentó vocalizar, pero sólo tosió sangre. Entonces nos dimos cuenta: se estaba despertando solo. Se incorporó de la cama de una forma brutal y agarró al doctor Poirot con una fuerza inhumanada, sacudiéndolo violentamente mientras el resto de la gente, paralizada por el terror, miraba la escena. Pero yo decidí tomar la iniciativa. Fui a una cómoda que estaba cerca y rebusqué entre los cajones algo que me pudiera servir para detener todo esto. Y entonces fue cuando encontré lo que buscaba en uno de los cajones: una pistola.

Apunté a lo que antes había sido un ser humano, que se detuvo de inmediato, y comenzó a hablar. Parecía como una especie de cántico ancestral, recitado en una cripta, y desde luego no sonaba en absoluto como su voz.

“No…puede…llevarme…me he hecho…”

Y entonces fue cuando estiró la boca todavía más, simulando una sonrisa. Había deformado tanto su expresión que incluso pude oír como el tejido de su propia cara se resquebrajaba, y terminó su reflexión, contemplándome fijamente.

“…eterno…”

Puse el dedo en el gatillo, y cuando iba a poner fin a lo que había sido un suceso ajeno a toda comprensión, el doctor Poirot, el único amigo que Andrej había tenido durante su demencia, se colocó en medio llorando. Pero fue demasiado tarde.

El primer disparo, que acompañé con un chillido de furia y frustración, fue al corazón de Frédéric, que cayó al suelo muerto de inmediato, y el siguiente fue al cuello de Neumann, que no salpicó nada de sangre. Sin embargo, no me contuve ahí, y volví a disparar, esta vez a su frente. Seguí con otros tres tiros hasta que me derrumbé cayendo de rodillas al suelo, sudando y temblando. Ninguno de nosotros dirigió la palabra, ni en aquel momento ni cuando enterramos a mi maestro en la tumba de su mausoleo, que se había asegurado de construir. La estatua de un ángel tapándose la cara condenaba aquel santuario silencioso. Enterramos a Poirot lejos de allí, en el cementerio de la ciudad, en plena noche. Después volví a Berlín y estuve varios días encerrado en casa, con las persianas cerradas, tratando de comprender lo que había sucedido. Todo parecía tan irreal, tan lejano…

Y entonces, finalmente, lo entendí: Andrej Neumann había alcanzado la inmortalidad: no estaba ni en el gran y oscuro vacío al que se va cuando se abandona este plano terrenal (tras lo acontecido, me niego a creer que existe alguna clase de Dios que haya permitido esta atrocidad) ni en el mundo de los vivos. Lo había conseguido, pero el Núcleo había exigido algo a cambio.

Su humanidad.

Quien lea esta historia quizás me tome como un loco, pero, conforme lo he pensado, el precio a pagar no es muy alto, comparado con la vida eterna.

miércoles, 21 de agosto de 2013

THE HANDS RESIST HIM

The Hands Resist Him, también conocida como la pintura embrujada de eBay, es una pintura creada por el pintor norteamericano Bill Stoneham, en 1972. Representa un joven junto a una muñeca, de pie, delante de una puerta con paneles de cristal contra el que muchas manos se presionan.
Según el artista, el niño se basa en una fotografía de sí mismo de 5 años, y la interpretación es que la puerta representa la línea divisoria entre el mundo de vigilia y el mundo de los sueños y posibilidades.
La muñeca es una especie de guía que acompaña al niño a través de ello. Las manos representan a las diferentes posibilidades de vida del niño. Esta inquietante pintura, se convirtió en objeto de una leyenda urbana en febrero de 2000, cuando se puso en venta a través de una subasta en eBay, y se hizo público su aterradora historia.



La pintura fue mostrada en una galería de Luisiana durante la década de 1970, momento en el que fue revisada por el crítico de arte del “Los Angeles Times”. Fue durante esa misma exposición, comprada por el actor John Marley, recordado por su papel como Jack Woltz, en “El Padrino”. En algún momento después de la muerte de Marley, la pintura fue adquirida por un joven de California, después de haber sido encontrada en una fábrica de cerveza abandonada. La pintura apareció en eBay en febrero de 2000, y según el vendedor, el mismo que la encontrara algunos años antes, la misma es portadora de algún tipo de maldición:

En su descripción del cuadro para eBay, se alegó que los personajes de la pintura, durante la noche, salen de la pintura y entran en la sala o cuarto donde el cuadro esté situado.

En el anuncio de venta, también fueron colocadas una serie de fotos del cuadro “…cambiando la forma durante la noche”, las cuales se dijo que habían sido capturadas por una cámara web. Para aumentar la imagen de “objeto maldito” de la pintura, el vendedor incluyó una cláusula de exención de responsabilidad, que eximía al vendedor de toda responsabilidad, si la pintura era adquirida.

La noticia acerca del cuadro y su maldición se extendió rápidamente por los usuarios de Internet. Al poco tiempo, algunas personas afirmaron que, simplemente viendo la foto de la pintura, comenzaron a sentirse mal o tener experiencias desagradables. Otros, aseguraron sentir un inexplicable pavor al verla, algunos de los cuales hablaban de reacciones extrañas a ver las imágenes como adquirir violentas e inexplicables enfermedades o sufrir desmayos espontáneos, niños gritando al ver a la pintura y los observadores que aseguraron que tras ver el cuadro, se sintieron poseídos por una “entidad invisible”. “Una impresora Epson, nueva, se volvió loca y se comió y mutiló página tras página sin parar, cuando un visitante intentó realizar copias de la imágen de la pintura”- . Sin dudas, este último fue el comentario más impactantes.

El anuncio en la página de la subasta fue visto más de 30.000 veces en menos de 30 días. Tras una oferta inicial de US$ 199, la pintura finalmente recibió 30 ofertas y se vendió por US$ 1,025.

La galería de arte Perception en Grand Rapids, Michigan, se puso en contacto con Bill Stoneham, sorprendidos por todas las extrañas historias y la interpretación de las imágenes que los internautas reportaban, y por la inusual historia de su subasta en eBay, convirtiéndose en su nuevo propietario:

poco después, la leyenda del cuadro maldito se acrecentó, primero cuando el nuevo propietario informó acerca de un exorcista que fue a ver el cuadro, y afirmó haber sentido “una voz junto con un chorro de aire caliente,… como al estar de pie frente a la puerta de horno”. Lo segundo fue cuando Stoneham declaró posteriormente que tanto el propietario de la galería, como el crítico de arte que la revisó inicialmente, murieron en un plazo menor a un año de entrar en contacto con ella.

ICKBARR BIGELSTEINE

Cuando era un niño tenía pavor de la oscuridad. Todavía lo hago, pero cuando tenía más o menos seis años no podía pasar una noche entera sin llorar para que alguno de mis padres buscara debajo de mi cama o en mi armario a cual fuera el monstruo que pudiera estar esperando para comerme.
Incluso con una luz de noche todavía veía figuras oscuras moviéndose en las esquinas de mi habitación, o caras extrañas mirándome desde la ventana. Mis padres hacían lo que podían para consolarme, diciéndome que era sólo una pesadilla o una ilusión óptica provocada por la luz, pero en mi joven mente estaba seguro de que al momento que cayera dormido, las cosas malas me iban a atrapar.

La mayoría del tiempo me escondía debajo de las sábanas hasta estar lo suficientemente cansado como para dejar de preocuparme, pero de vez en cuando sentía tanto pánico que corría al cuarto de mis padres, despertando a mi hermano y hermana en el proceso. Después de un calvario como ése, no habría manera de que alguien tuviera una buena noche de sueño.

Eventualmente, tras una noche particularmente traumatizante, mis padres se hartaron. Por desgracia para ellos, entendían bien la inutilidad de discutir con un niño de seis años, y sabían que no podrían convencerme de dejar a un lado mis miedos a través de la lógica y la razón. Tenían que ser ingeniosos.

Fue idea de mi madre confeccionar a mi pequeño amigo para la hora de dormir.

Juntó muchos pedazos de tela surtidos con su máquina de coser y creó a quien yo más tarde llamaría "Sr. Ickbarr Bigelsteine", o "ick" para abreviar. Ick era lo que mi madre llamaba «un monstruo de medias». Estaba diseñado para protegerme mientras dormía por la noche, asustando a todos los demás monstruos.


Ickbarr tenía un aire a un Frankestein en versión gremlin, con ojos grandes y blancos hechos de botón y orejas de gato caídas. Sus pequeños brazos y piernas estaban hechos con un par de medias rayadas en blanco y negro que pertenecían a mi hermana, y la mitad verde de su cara estaba hecha de una de las medias altas de fútbol de mi hermano. Su cabeza podría ser descrita como bulbosa, y por boca mi mamá le había cosido un pedazo de tela blanca, y bordado en forma de zig-zag una amplia sonrisa de dientes afilados. Lo amé desde el primer momento.
De ahí en adelante, Ick nunca se separaba de mi lado. Así que cada noche a la hora de dormir, me diría dónde se escondían los monstruos y yo lo colocaba en el área de mi cuarto más cercana a lo macabro. Si había algo en el armario, Ick bloqueaba la puerta. Si había una extraña criatura rasguñando la ventana, apoyaba a Ick contra el vidrio. Si había una gran bestia peluda bajo mi cama, bajo la cama lo ponía. Algunas veces, los monstruos se escondían en mis sueños, e Ickbarr tenía que venir conmigo a mis pesadillas. Era divertido traerlo a mi mundo de ensueño, ya que juntos pasábamos horas combatiendo demonios y fantasmas. La mejor parte era, que en mis sueños, Ick podía realmente hablarme.
—¿Cuánto me amas? —me preguntaba.

—Más que a nada en el mundo —siempre le decía.

Una noche, en un sueño, después de perder mi primer diente, Ick me pidió un favor.

—¿Me puedes dar tu diente?

Le pregunté por qué.

—Para ayudarme a matar a las cosas malas —me dijo.

A la mañana siguiente mi madre me preguntó dónde estaba mi diente cuando bajé a desayunar. Por lo que me dijo, el «hada de los dientes» no lo había encontrado bajo mi almohada. Cuando le dije que se lo di a Ickbarr ella solamente se encogió de hombros y se regresó a alimentar a mi hermana pequeña. Desde ese momento, cada vez que perdía un diente se lo daba a Ick. Siempre me agradecía y, por supuesto, me decía que me amaba. Con el pasar del tiempo, sin embargo, me quedé sin dientes de leche, y ya me estaba poniendo un poco viejo para seguir jugando con muñecos. Así que Ick sólo se sentaba ahí, en mi estantería, acumulando polvo y ausentándose lentamente de mi atención.

Pero las pesadillas se volvieron peores. Tanto que empezaron a seguirme mientras estaba despierto, atemorizándome en cada rincón oscuro o arbusto que se movía. Luego de una noche particularmente mala volviendo de la casa de un amigo en bicicleta, y en la que podría haber jurado que una jauría de perros rabiosos me estaba persiguiendo, llegué a casa para encontrar que alguien me esperaba en mi habitación. En mi cama, de pie y completamente erguido ante la luz de la luna, estaba Ickbarr. Al principio pensé que mis ojos estaban jugándome bromas de nuevo, como lo habían estado haciendo toda la tarde, así que traté de prender y apagar las luces. Lo hice de nuevo, con ningún cambio. Me estaba empezando a poner nervioso.

Comencé a retroceder hacia la puerta, sin quitar mis ojos de la silueta de Ick; mi mano estirada incómodamente, buscando el picaporte. Estaba a punto de irme de ahí cuando escuché que la puerta era azotada contra su marco, dejándome encerrado en la oscuridad. En nada más que sombras y silencio.

Hasta que escuché una voz familiar y estridente.

—Dejaste de alimentarme;

¿por qué debería protegerte?

—¿Protegerme de qué?

—Déjame mostrarte.

Pestañeé una vez y todo cambió. Ya no estaba en mi habitación, estaba en… otro lugar. Una especie de bosque, un lugar horrible, de pesadillas, donde partes de fetos abortados colgaban del follaje, y el suelo estaba infestado con insectos carnívoros. Una niebla espesa inundaba el aire con un olor a carne podrida, mientras luces de un verde amarillento parpadeaban en el cielo oscuro. Mi cabeza empezó a palpitar como si estuviera a punto de explotar, porque en mi mente, escuchaba la voz de nuevo.

—Esto es lo que tu realidad será sin mí.

Sentí unas pisadas que hacían temblar la tierra, aproximándose rápidamente.

—Soy el único que puede pararlo.

Estaba detrás de mí ahora, enorme y enojado.

—Dame lo que necesito, y lo haré.

Me desperté antes de poder darme vuelta.

Al día siguiente revisé el armario de mis padres buscando los dientes de leche de mi hermano, y se los di todos a Ickbarr. Casi inmediatamente después de ello las pesadillas terminaron, y estaba relativamente en condiciones de seguir con mi vida normal.

De vez en cuando, me metía en la habitación de mi hermana y robaba lo que estaba destinado al hada de los dientes, o estrangulaba a uno de los gatos de la vecina para quitarle sus pequeños incisivos. Cualquier cosa para alejar las visiones. También comencé a notar que Ick se movía en mi cuarto cada vez que yo me iba, reordenando mis cosas y adicionando más cortinas. Se veía más vivo, de alguna forma. En la luz correcta sus dientes podían verse brillando y se sentía tibio al tacto. Por más que esto me asustara, no podía juntar el valor necesario para destruirlo, sabiendo perfectamente a dónde eso me llevaría. Así que continué recolectando dientes para Ick a lo largo de la secundaria y la universidad. Mientras más crecía, a más cosas aprendía a tenerle miedo y más dientes necesitaba Ick para mantenerme a salvo.

Ahora tengo 22 años, un trabajo decente, mi propio apartamento, y una colección de dentaduras. Ha pasado casi un mes desde la última vez que Ick comió y las pesadillas están empezando a acorralarme de nuevo. Tomé un desvío a través de un estacionamiento después del trabajo esta noche. Encontré a un hombre forzando la cerradura de su auto. Sus dientes estaban manchados de amarillo gracias a una vida de tabaco y café, y aun así, tuve que usar el martillo para extraer los molares. Cuando regresé a mi departamento él me estaba esperando. En el techo, en un extremo. Dos ojos blancos y una boca de navajas.

—¿Cuánto me amas? —me pregunta.

—Más que a nada —le contesto, sacándome mi abrigo—.

—Más que a nada en el mundo.